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Capítulo 64:
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Un discreto asentimiento de Grace indicó que estaba lista, y se acercó a Ethel. Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Gianna, ansiosa por el espectáculo que creía que se iba a desarrollar.
—Abuela —dijo Grace, con un tono firme y claro—, te deseo un feliz cumpleaños.
Desató con cuidado los cordones de su sencilla bolsa y sacó una caja de madera sin adornos para que todos la vieran.
Una oleada inmediata de sorpresa se extendió entre la multitud. ¿Era ese realmente su regalo?
La paciencia de Ethel se agotaba, y su mente se aceleraba por la irritación. ¿Qué tontería era esa? ¿Acaso Grace pensaba que una caja como esa tenía cabida aquí?
—Grace, ¿eso es todo? ¿De verdad le has traído a la abuela una caja de madera? —preguntó Gianna, fingiendo estar desconcertada.
Desde cualquier ángulo, no parecía ser más que eso: un recipiente anodino y corriente.
—¿Por qué sacas conclusiones precipitadas? —respondió Grace en voz baja, sin perder la compostura. Con un movimiento rápido, abrió la tapa.
En su interior, una pulsera hecha de cuentas de madera pulidas brillaba a la luz.
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Gianna no pudo contener la risa. Así que eso era todo: se había estado preparando para algo extraordinario, solo para encontrarse con un humilde collar de cuentas.
La decepción torció los labios de Ethel. Apenas se atrevió a echar un vistazo al regalo. ¿Una pulsera de madera? ¿Cómo podía esa chica quedarse ahí de pie y ofrecer algo tan sencillo y lamentable? Era vergonzoso, de verdad.
—Grace, siempre sabes cómo sorprendernos —dijo Gianna, con una risa teñida de burla.
Grace no dio ninguna explicación, con una expresión enigmática. En lo que a ella respectaba, los necios no merecían respuesta alguna.
«¿Es eso lo que creo que es?», exclamó una invitada abriendo mucho los ojos. «¿Está hecho de madera de agar de Hipolis?».
«¿Madera de agar de Hipolis? ¿Hablas en serio?». La gente empezó a murmurar incrédula y luego sus voces se alzaron.
Se inclinaron hacia delante, atraídos por un aroma que parecía envolver toda la sala en su abrazo.
Inclinándose hacia ellos, Grace explicó en tono suave: «Esta pulsera está hecha de madera de agar de Hipolis, y se rumorea que la madera tiene más de tres siglos de antigüedad. El aroma tarda generaciones en madurar, y estas cuentas se han elaborado con la mejor madera».
«¿No se hacían esas pulseras para la realeza? ¡Si las historias son ciertas, solo existieron tres juegos! ¿Cómo ha podido acabar aquí una reliquia así? Es increíble. Algo así no se puede comprar con dinero», balbuceó alguien con voz temblorosa.
El asombro de esa voz inundó la sala. Cualquiera que conociera la leyenda sabía que poseer una pulsera así iba más allá de lo que la mera riqueza podía ofrecer.
A Ethel se le cortó la respiración al comprender el significado de aquel regalo. Le temblaban un poco las manos al recibir la pulsera, al fijarse en las diminutas y elegantes inscripciones talladas en cada cuenta.
La emoción se apoderó de ella y suspiró: «Es cierto. Ahora me inundan los recuerdos; mi padre siempre anheló este tesoro. Una vez me dijo que, si pudiera tenerlo consigo, dejaría este mundo sin un solo remordimiento».
Un murmullo de emoción recorrió la multitud, y el ambiente se llenó de asombro.
Gianna palideció, y la tensión le retorcía los dedos. Nunca se le había pasado por la cabeza que Grace pudiera ofrecer un regalo tan inestimable.
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