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Capítulo 358:
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Todos percibían el dolor de alguien que en su día se había mantenido erguida y que ahora se veía abatida por una enfermedad repentina. Rodger y su familia se aseguraban de visitarla cada día, intentando romper su melancolía. Hoy, Gianna no aparecía por ningún lado. Llevaba días apareciendo y desapareciendo, y su paradero era un misterio.
Grace aprovechó su ausencia y calculó cuidadosamente el momento de su visita para no cruzarse con Gianna.
Se sentó en silencio junto a la cama de Ethel y la observó con delicadeza, sin decir nada al principio.
Al cabo de un momento, hizo una señal al personal y a los cuidadores para que se marcharan, quedando así a solas las dos.
Aquella repentina vacía de la habitación puso a Ethel en vilo. Sus ojos destellaron alarma y se esforzó por articular palabras, pero la voz le falló.
Vivir sola con los insultos y los arrebatos de Gianna había dejado a Ethel atormentada, temerosa de lo que otros pudieran hacer cuando creyeran que nadie les observaba.
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En su mente, si Gianna era capaz de arremeter contra ella, entonces Grace —alguien a quien en su día había menospreciado— también podría ocultar oscuras intenciones.
—No tienes por qué tener miedo, abuela. No te pondré la mano encima —dijo Grace, con un tono suave y sincero. Reconoció el miedo en la mirada de Ethel y podía adivinar las heridas que le habían dejado.
Aun así, la confianza no le resultaba fácil. Aunque Ethel permaneció en silencio, la desconfianza persistía en sus ojos recelosos.
—Estoy aquí porque tengo una forma de curarte —dijo Grace.
Esas palabras hicieron que un destello de esperanza se dibujara en el rostro de Ethel, pero se desvaneció rápidamente, sustituido por una tormenta de incredulidad y confusión.
Sus dudas estaban justificadas. Hacía muy poco, la propia Grace había dicho que la enfermedad era incurable, y ahora afirmaba lo contrario. No era de extrañar que Ethel dudara.
Grace continuó con paciencia: «La razón por la que antes la califiqué de incurable fue porque necesitaba que Gianna lo oyera. Sin eso, nunca habrías visto cómo es ella en realidad. Así es la gente. Mientras sus intereses no se vean afectados, pueden mantener una fachada perfecta. En el momento en que se sienten amenazados o pierden su ventaja, sale a la luz su verdadero yo. ¿De verdad puedes soportar tener a alguien así a tu lado?».
Las palabras de Grace eran claras y contundentes.
Este era el momento que Grace había estado esperando. Estaba dispuesta a alejar a Gianna de sus vidas, convencida de que era la única forma de seguir adelante.
Tras escuchar a Grace, Ethel no dijo nada; su silencio estaba cargado de pensamientos.
Ethel no quería quedarse callada. Anhelaba gritar, hablar… pero su cuerpo no le obedecía. Estaba completamente paralizada, incapaz de moverse o decir una sola palabra. Lo único que podía hacer era permanecer allí tumbada, rígida e indefensa.
Grace lo entendió de inmediato. Con una sonrisa radiante, se acercó lentamente a la cabecera de Ethel. —Abuela, puedo curarte de verdad. Pero primero, quiero que el mundo vea a Gianna tal y como es en realidad. Apuesto a que estás decepcionada con ella, ¿verdad?
Ethel la miró, con los ojos llenos de urgencia, deseando desesperadamente responder.
—Si estás de acuerdo conmigo, solo tienes que parpadear —dijo Grace con dulzura.
En cuanto las palabras salieron de sus labios, Ethel parpadeó con entusiasmo.
«Ya está decidido», dijo Grace. A continuación, aplicó una técnica especial en el brazo de Ethel. Pasaron diez minutos. «Ahora intenta cerrar el puño», le indicó Grace. «O mueve los dedos».
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