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Capítulo 237:
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«No te lo tomes tan a pecho, Gianna», respondió Lizzie, cogiendo a Gianna del brazo para consolarla. «Dale tiempo. Tu tía Julia se dará cuenta de que algunas personas nacen damas y otras… simplemente no. Cambiará de opinión y te tratará como te mereces».
Una sensación de alivio invadió a Gianna, y consiguió recomponerse. Tras respirar hondo, decidió que su momento de brillar llegaría muy pronto y que, por ahora, debía centrarse en la velada que tenía por delante.
El breve drama pasó a un segundo plano. Al poco rato, toda la sala bullía de actividad mientras todos se reunían en parejas con los estilistas que habían elegido.
Una hora más tarde, la admiración se reflejó en la voz de Lizzie cuando exclamó: «¡Gianna, estás absolutamente impresionante! No me extraña que toda la escuela conozca tu nombre. Estás destinada a ser el centro de atención, a diferencia de ciertas personas que se hacen las inocentes para aparentar». Sus comentarios tenían un doble efecto: colmar de elogios a Gianna y lanzar una puñalada solapada a Beatrice, que se encontraba cerca. El efecto hizo que los labios de Gianna esbozaran una sonrisa de satisfacción.
Se vio incapaz de apartar la mirada del espejo; cada mirada reforzaba su convicción de que nadie podría rivalizar con su belleza esa noche. En un susurro ensimismado, añadió: «En cuanto me ponga mi vestido, nada se le podrá comparar».
Como si fuera una señal, un miembro del personal entregó dos elegantes cajas, cortesía de Julia, cada una con un vestido seleccionado para la celebración.
Los ojos de Lizzie brillaban con una mezcla de admiración y envidia. «Realmente tienes toda la suerte del mundo, Gianna. En cada evento, te toca otro vestido de diseñador».
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En el interior, los vestidos llevaban la etiqueta de Blossom Studio, un taller famoso por sus lujosos trabajos a medida, cosidos a mano con las mejores telas del mundo y con precios que alcanzaban los millones. Incluso un vestido de sus colecciones anteriores costaría una pequeña fortuna.
Una sonrisa teñida de orgullo levantó la barbilla de Gianna. «Mi tía Julia siempre me ha cuidado», respondió, sin mencionar que Grace se había convertido en la verdadera destinataria del cariño de Julia.
Lizzie no pudo resistirse a soltar un comentario sarcástico. «¿Dos vestidos? Apuesto a que uno es para esa molesta de Grace».
Ambas cajas quedaron pronto abiertas, revelando un llamativo contraste: un vestido blanco resplandeciente junto a un delicado vestido de encaje amarillo tejido con elaboradas flores. De inmediato, la mirada de Gianna se posó en el vestido de encaje. El tono de amarillo no se parecía a nada que hubiera visto antes: sutil pero radiante, e imposible de ignorar.
Los vestidos blancos solían ser su estilo, ya que le conferían un aura de elegancia y ligereza. Esta vez, sin embargo, su corazón se decantaba por algo más distintivo. A lo largo del dobladillo, el vestido amarillo florecía con detalles florales muy realistas, cada pétalo le confería un encanto etéreo, casi mágico.
Una vez tomada la decisión, se llevó el vestido de encaje al probador, con la emoción revoloteando en su pecho.
Ponerse el vestido le costó un esfuerzo. Unos minutos más tarde, Gianna se dio cuenta de que estaba conteniendo la respiración, no porque hiciera calor en el salón, sino porque la tela le quedaba más ajustada de lo esperado. Solo metiendo el estómago pudo subir la cremallera hasta arriba. El ajuste no tenía sentido. Julia siempre se había esmerado en acertar con su talla, sin pasar por alto ningún detalle. ¿Se trataba de un error de confección?
Esos pensamientos apenas se prolongaron. No tenía tiempo para dudar: el reloj no se detenía y ya llevaba puesto el vestido.
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