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Capítulo 168:
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Era fin de semana, un día libre poco habitual.
Grace, que siempre había sido madrugadora gracias a su estricto reloj biológico, se había ido malacostumbrando poco a poco con Julia, quien la había ido convenciendo con delicadeza para que se acostumbrara a dormir hasta tarde. En su anterior hogar de acogida, la sacaban de la cama a las siete en punto cada mañana, y se esperaba de ella que preparara el desayuno y hiciera recados como si fuera una criada sin sueldo.
¿Pero aquí, en casa de los Holden? Una vez se levantó a las siete, dio un paseo por la casa y no vio a nadie despierto. Pensó que, ya que estaba, podría salir a correr, pero se topó con Julia —que, por casualidad, se había levantado temprano— y con Rodger, ya vestido para ir al trabajo. Ese fue el día en que la pareja descubrió que Grace no se quedaba en la cama hasta tarde, ni siquiera los fines de semana.
Julia se había quedado horrorizada. Sin dudarlo, llevó a Grace de vuelta a su habitación, con el afecto maternal reflejado en todo su rostro mientras le decía: «Grace, esta es la familia Holden, no uno de esos lugares horribles en los que solías vivir. Deberías dormir hasta que el sol esté alto en el cielo. Aquí eso es perfectamente normal. Todavía estás creciendo, y dormir más te viene bien. No solemos levantarnos temprano los días de descanso».
Justo cuando terminaba de hablar, Johnny bajó las escaleras y protestó: «Mamá, ¿cómo puedes decir eso? ¡Siempre nos has dicho a James y a mí que debíamos crear buenos hábitos acostándonos temprano y levantándonos temprano!».
Julia pareció avergonzada por un instante, pero Rodger se apresuró a intervenir para apoyarla. «Johnny, debes de haber oído mal. Vuelve a la cama y duerme un poco más; tú también sigues creciendo».
¿En serio? A esa hora, normalmente lo sacaban a rastras para hacer ejercicios matutinos. ¿Y ahora? Las reglas habían cambiado así, sin más. Johnny refunfuñó todo el camino de vuelta arriba, pero en el fondo agradecía la influencia de Grace: eso significaba una mañana de holgazanear, algo poco habitual para él también.
En definitiva, fue la naturaleza cariñosa de Julia y Rodger lo que poco a poco había animado a Grace a adoptar esta nueva rutina.
Pero hoy no podía permitirse el lujo de dormir hasta tarde. Tenía que levantarse temprano para ir a visitar a Ethel con Julia.
Se había enterado el día anterior. Al parecer, la salud de Ethel estaba empeorando y quería tener a su familia cerca. Eliana, que se había sometido recientemente a una operación importante, también se estaba quedando en la residencia de Ethel para recuperarse.
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Parecía el momento perfecto para que Grace se informara del estado de Eliana.
Rodger tenía una reunión importante en la empresa y no podía ir con ellas. Johnny ya había quedado para jugar al baloncesto con sus compañeros de clase. Y James, como futuro sucesor del Grupo Holden, tenía que acompañar a Rodger para adquirir experiencia práctica en la empresa. Así que Grace se quedó sola para acompañar a Julia.
«¿Lo ves? ¡No hay nada mejor que tener una hija!», suspiró Julia con ternura. «Esos chicos siempre están por ahí haciendo lo suyo. Pero tener a una hija tan dulce a mi lado, eso sí que es un verdadero consuelo».
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