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Capítulo 471:
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Dentro de la cabina aplastada del Ferrari, Cedrick parpadeaba a través del humo espeso y acre de los airbags desplegados. Le daba vueltas la cabeza. Un dolor agudo y ardiente le atravesaba las costillas con cada respiración; era casi seguro que se había fracturado algunos huesos. Notaba un sabor a cobre en la boca.
Apartó el airbag desinflado y miró a través del parabrisas destrozado.
El Porsche plateado de Isidora estaba a salvo sobre la hierba. Ella corría hacia él, viva y en movimiento.
Una minúscula fracción de tensión abandonó sus hombros.
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Su misión había concluido.
Oyó cómo se acercaban las sirenas. Tenía unos segundos antes de que el equipo médico se abalanzara sobre el coche. Si Isidora lo veía sangrando en este amasijo de chatarra, toda su fachada fría y calculada se derrumbaría. Su plan contra la familia de ella parecería una broma patética.
No podía dejar que ella supiera que le importaba tanto.
Cedrick abrió la puerta de una patada. El metal crujió y se partió. Sacó a la fuerza su corpulento y magullado cuerpo del coche y se movió con la silenciosa y rápida eficiencia de un fantasma. Justo al lado del lugar del accidente, un estrecho túnel de hormigón para mantenimiento atravesaba el muro de contención, utilizado por los trabajadores de la pista entre sesiones. Cedrick se deslizó en su sombra justo cuando la primera ambulancia frenaba en seco en la pista.
Isidora llegó al Ferrari, jadeando con fuerza. Agarró el borde del marco roto de la ventanilla y se asomó al interior.
«¡Oye! ¿Estás…?»
La voz se le atragantó en la garganta.
El asiento del conductor estaba vacío. Había manchas de sangre en la tela blanca del airbag, pero el piloto había desaparecido.
«¡¿Dónde se ha metido?!» Isidora se giró presa del pánico, escudriñando la hierba, el muro, el humo que se disipaba. Nada.
Dos paramédicos la agarraron por los brazos. «Señorita, tiene que sentarse. Tiene una lesión en la cabeza».
«¡Suélteme… el conductor ha desaparecido!». Se resistió a su agarre, señalando el asiento vacío.
Joy llegó corriendo por el césped con lágrimas resbalándole por la cara. Se abalanzó sobre Isidora y sollozó apoyada en su hombro. Isidora la abrazó, pero sus ojos no dejaban de recorrer los restos del accidente.
Entonces, el humo se disipó por un instante.
Su mirada se fijó en el parachoques trasero. La matrícula estaba doblada, pero perfectamente legible.
GARRISON-1.
Todo el cuerpo de Isidora se quedó inmóvil. El rugido de la sangre en sus oídos se acalló. Sus pupilas se dilataron.
El coche de Kevin.
Lo recordaba perfectamente. Hacía menos de una hora, había estado en este mismo garaje y había grabado a Kevin y a Chantelle en este mismo vehículo.
Un pensamiento imposible estalló en su mente. ¿Kevin? Se desvaneció al instante. Kevin no era capaz ni de lidiar con una multa por exceso de velocidad sin ir a quejarse a su padre. No tenía el valor, la habilidad ni las agallas. Entonces, ¿quién había conducido su coche? ¿Quién poseía la capacidad de llevar a cabo una maniobra de rescate tan suicida y magistral… y luego desaparecer sin dejar rastro?
Su mente se sumió en un caótico torbellino de confusión.
En lo más profundo del edificio VIP, Cedrick entró en su vestuario privado y cerró la puerta con llave tras de sí. Se quitó la camiseta destrozada y manchada de sangre y la tiró a la basura. Se metió en la ducha y giró el grifo hasta que el agua salió helada, quedándose inmóvil bajo el chorro gélido mientras este adormecía el dolor punzante en las costillas y le quitaba el olor a humo.
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