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Capítulo 121:
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Afuera, una puerta cercana se abrió y se cerró. Rylee había llegado a la habitación contigua a la suya.
Esta sería la siguiente.
Solo entonces habló Shawn. «Estoy aquí dentro».
Su tono era tranquilo, sin prisas.
Melanie puso los ojos en blanco para sus adentros. Probablemente, aquel hombre podría ganar premios de interpretación.
En cuanto lo oyó, Rylee se apresuró a probar la puerta. «¿Shawn? ¿Por qué está cerrada con llave?»
«Debo de haberla cerrado yo».
Su voz se llenó de preocupación al instante. «¿Qué estás haciendo en una habitación de invitados? ¿Estás enfermo? ¿Llamo a alguien?»
Ignorando por completo la pregunta, Shawn respondió en un tono distante y profesional: «¿Qué necesitas?»
«La primera dama de Osaburg te ha estado buscando en el banquete. Dijo que quería hablar contigo». Tras una breve pausa, Rylee añadió en voz baja: «Te he estado buscando por todas partes».
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«Entendido», respondió Shawn secamente.
Eso fue todo. Ninguna explicación de por qué estaba allí. Ningún «gracias» por haber ido a buscarlo. Ningún gesto para abrir la puerta.
Apoyada contra la puerta, Melanie escuchó en silencio. Un torbellino de emociones se agitaba en su interior.
Había algo casi irónico en oír a Rylee hablar con tanto cuidado, como si intentara desesperadamente complacerlo.
Pero lo que más la frustraba era la compostura de Shawn.
Hacía solo unos instantes, la había inmovilizado contra la puerta y había coqueteado deliberadamente con ella.
Ahora hablaba con otra mujer como si no hubiera pasado nada fuera de lo normal.
El contraste desató una ira feroz en lo más profundo de su pecho.
No sabía qué le había pasado, pero impulsada por una oleada de frustración, Melanie se puso de puntillas y mordió suavemente el cuello de Shawn.
No lo hizo con fuerza, pero con la suficiente intensidad como para dejar claro su mensaje.
Shawn se tensó al instante. Apretó el brazo alrededor de su cintura, atrayéndola con firmeza hacia él.
Antes de que ella pudiera reaccionar, él bajó la cabeza y selló sus labios sobre los de ella.
No había nada de tierno en la silenciosa advertencia que se escondía tras aquel beso. Fue lento y deliberado, con un atisbo de represalia.
Los pensamientos de Melanie se dispersaron y, para cuando él finalmente se apartó, su respiración se había vuelto entrecortada.
Sin embargo, cuando se dirigió a la persona al otro lado de la puerta, su tono era perfectamente sereno. —Adelante. Estaré allí en un momento.
—Puedo esperarte —respondió Rylee desde el otro lado, reacia a marcharse.
—Vete —insistió Shawn con voz firme, sin dejar esta vez lugar a dudas de que quería que se marchara.
Tras una breve pausa, Rylee respondió por fin: —De acuerdo. No tardes demasiado.
Un momento después, el taconeo de sus zapatos se fue desvaneciendo poco a poco en la distancia.
Aunque algo en el comportamiento de Shawn le pareció extraño, no se atrevió a insistir más.
Delante de él, siempre se esforzaba por proyectar la imagen de una mujer elegante y comprensiva.
Así que prefirió retirarse en lugar de insistir en el tema.
Melanie por fin soltó el aire que, sin darse cuenta, había estado conteniendo. «Ya se ha ido. Suéltame».
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