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Capítulo 1162:
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Sus ojos eran fríos, sin el más mínimo atisbo de emoción, cortando por completo cualquier posibilidad de implicación. Estaba cerrando una puerta y echándole el cerrojo, dejándolo al otro lado, en la oscuridad que él siempre parecía haber preferido.
«Lo mejor es que nos dejemos en paz». La voz de Grayson era fría como el hielo, pero seguía llena de orgullo. Se hizo eco de sus palabras, pero las suyas tenían el peso de un veredicto definitivo, no de un acuerdo mutuo. No hubo más palabras, ni reveló su plan de redención. No podía decirle que su guerra era, en parte, por ella, para desmantelar el mismo sistema que los había atrapado a ambos. Su orgullo no se lo permitiría.
«No te detendré, ni te buscaré. Pero si le pasa algo a Effie, te lo haré pagar».
Su tono no era más que una advertencia, sin ningún atisbo de ternura, y nunca revelaría su vulnerabilidad ni sus planes a Isolda. La amenaza era la única forma que conocía de expresar preocupación, la única moneda de cariño que había aprendido a gastar. Era un amor retorcido y posesivo, y era todo lo que tenía para ofrecer.
El tono de Isolde era monótono, sin ningún matiz, sin mostrar miedo ante su advertencia ni dar ninguna respuesta adicional. Llevaba años viviendo a la sombra de sus amenazas implícitas; esta no era diferente. No era más que el último eco en un pasillo largo y vacío. «No tienes por qué preocuparte. Effie estará bien, y yo también».
No le dio ningún consejo, no mostró preocupación alguna, manteniendo una actitud distante en todo momento, sin amor, sin odio, y sin darles nunca la oportunidad de acercarse el uno al otro. Mostrar preocupación sería abrir una grieta en el muro que ella había construido, y sabía que él era un experto en explotar cualquier debilidad.
Grayson no dijo nada más, solo dejó escapar un bufido sordo, sin pena, sin alivio, solo su orgullo y frialdad inherentes, y luego colgó el teléfono directamente sin un solo adiós. El clic fue seco, definitivo.
Nunca fue humilde, ni nostálgico. Aunque hubiera emociones ocultas en su corazón, nunca se las mostraría a Isolde. Prefería que lo vieran como un monstruo antes que como un hombre que lo había perdido todo.
La llamada terminó bruscamente. Isolde guardó el teléfono sin mostrar expresión alguna, con la mano firme. Se quedó de pie junto a la ventana y observó cómo el sol del amanecer se elevaba por completo, iluminando el horizonte de Manhattan con una luz cálida.
No sentía ni odio ni amor por Grayson. La llamada de hacía un momento no era más que un interludio irrelevante para ella, un pasado del que había que desprenderse por completo. Era la ruptura definitiva y formal. Una transacción comercial concluida.
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No conocía los planes de Grayson, ni quería conocerlos. Su redención y sus luchas no tenían nada que ver con ella; solo le importaba su propio futuro y el de Effie. Él era un personaje de un libro que acababa de cerrar. Lo que sucediera en su historia ya no era asunto suyo. Su propia historia acababa de empezar.
En los días siguientes, todo salió según lo previsto. Isolde hizo las maletas rápidamente, moviéndose por el espacioso piso con una gracia metódica.
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