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Capítulo 658:
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«T-Tuya, mi señor».
Vladya soltó un grito ahogado, como si le hubieran sacado el aire de los pulmones. Con un gruñido salvaje, sus grandes manos la agarraron por la cintura y la empujaron hacia atrás mientras volvía a penetrarla.
La fuerza del golpe la hizo tambalear hacia delante, hundiéndola más en el colchón.
Esta vez no fue delicado. La folló con fuerza y rapidez, como un hombre poseído, cada embestida implacable provocándole oleadas de éxtasis.
«Sí…». Aekeira retorció los dedos entre las sábanas y apretó los ojos con fuerza. Intentó seguir sus movimientos, pero sus miembros se negaban a obedecer, demasiado débiles, demasiado agotados.
Pero Vladya cubrió su cuerpo con el suyo, su voz era un murmullo oscuro y tranquilizador en su oído.
«No pasa nada. Déjame darte placer». Sus palabras eran pecaminosas, imperiosas.
«Solo prepárate y acéptalo obedientemente, mi elegante putita».
Luego ajustó el ángulo y…
Conmoción.
Un placer diferente a todo lo que había conocido irrumpió en ella.
Aekeira jadeó bruscamente, su cuerpo apretándose alrededor de él.
«¿Qué ha sido eso…?».
La sonrisa de Vladya era afilada contra su piel.
«Te presento a tu nueva glándula».
Volvió a inclinar las caderas, golpeando ese punto, una vez, dos, una y otra vez. Aekeira vio estrellas cuando el orgasmo la embistió con la fuerza de un cohete, arrancándole un grito de la garganta. Le robó el aliento, el alma, los sentidos.
Pero él no se detuvo.
Siguió tomándola, empujándola de un clímax alucinante a otro. Apenas se recuperaba de uno cuando él le arrancaba otro. Era estimulante. Interminable.
«Agárrate a la cabecera», gruñó él.
Aekeira levantó los brazos y se aferró con fuerza al poste de madera.
Vladya se enderezó detrás de ella y la folló hasta el borde de la locura. Cada embestida salvaje la hacía balancearse hacia delante, con las rodillas a punto de ceder.
«Estás tan húmeda. Demonios, el aroma de tu almizcle me está volviendo loco». Su voz era áspera por el deseo mientras la penetraba, con las manos recorriendo con avidez su cuerpo.
El placer era demasiado, demasiado intenso. Apenas podía seguir el ritmo. La felicidad la devoraba por completo. El sudor les empapaba la piel mientras se movían.
Sus manos se rindieron más de una vez, pero cada vez él las obligaba a volver al poste de la cama, manteniéndola erguida, sujetándola exactamente donde quería.
En algún lugar, en la lejana neblina del placer, creyó oír los gritos de Emeriel.
¿Placer o dolor? No podía distinguirlo.
Su mente estaba nublada, apenas capaz de procesar nada más allá de lo que su gran señor le estaba haciendo.
Cuando Vladya le arrancó otro clímax, tan intenso que le hizo dar vueltas la cabeza, Aekeira supo que se desmayaría. Su visión se nubló, su cuerpo se quedó flácido mientras el placer la consumía. Y luego… la oscuridad.
Lady Merilyn había estado nerviosa todo el día. En cuanto se enteró de que las dos princesas humanas habían entrado en celo al mismo tiempo, mientras sus machos estaban en las montañas, rezó fervientemente por ellas. Luego llegó la noticia de que los gobernantes habían regresado por fin, lo que supuso un gran alivio.
Pero ahora, mientras se apresuraba por el patio de Ravenshadow, su corazón latía con fuerza por un nuevo tipo de miedo. ¿Por qué la había convocado el gran rey? ¿No iba todo bien? ¿Estaba su amo sufriendo un episodio salvaje en medio del celo? Ese pensamiento era lo que más la inquietaba.
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