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Capítulo 339:
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AVERY
El calor del roce de Xavier me provocó un escalofrío que me recorrió la espalda, y me acurruqué aún más en su abrazo. Mis dedos se hundieron en su suave cabello y dejé que su lengua inquisitiva se adentrara en mi boca mientras nuestro beso se intensificaba.
Dejé escapar un suave gemido, apretando mi pecho más contra él. Mis manos se posaron sobre su pecho mientras las suyas me apretaban con más fuerza contra sus brazos. En poco tiempo, mis piernas se habían colocado a ambos lados de su cuerpo en el sofá mientras seguíamos devorándonos los labios.
Sus dedos me masajeaban el cuero cabelludo mientras los hundía profundamente en mi pelo. La suave presión en la nuca me hizo arquearme hacia él, y mi cuerpo respondió a su tacto como si no hubiera pasado el tiempo.
Cuanto más intenso se volvía el momento, más recuerdos volvían a mi mente, y más afloraban viejas emociones.
En el calor de su abrazo, me di cuenta de que algunos de mis sentimientos por él nunca se habían desvanecido del todo. Solo habían permanecido latentes, esperando el momento adecuado para despertar. Recordé la profundidad de lo que una vez tuvimos.
Una voz en mi cabeza me gritaba que me marchara, que saliera de los brazos de ese traidor, pero me resultaba demasiado placentero estar envuelta en sus brazos y que él me besara. Me encantaba la sensación de sus manos ahuecando mi trasero y apretándolo, cómo me atraía hacia él solo para hacernos inseparables durante ese único instante. Me encantaban las sensaciones que despertaba en mí. Disfrutaba de cómo me hormigueaba la piel allá donde me tocaba, y solo quería quedarme en sus brazos para siempre.
Mis ojos se pusieron en blanco y arqueé la espalda cuando sentí que su mano se deslizaba bajo mi camiseta y comenzaba a subir. La sensación de su palma contra mi piel desnuda me estaba volviendo loca, y ese fue exactamente el momento en el que me obligué a recobrar el sentido común.
Me quedé paralizada en sus brazos. ¿Qué demonios acababa de hacer? ¡¿Qué demonios estoy haciendo?! Me reprendí a mí misma mientras me apartaba de él a toda prisa, cayendo torpemente de culo al suelo.
Rápidamente, sin mirar atrás, me levanté, corrí hacia la puerta y salí de la habitación, con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho.
Al cerrar la puerta tras de mí, cerré los ojos, me apoyé con la espalda contra la pared junto a la puerta y recuperé el aliento.
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Abrí los ojos y miré fijamente hacia el pasillo. Mi corazón no dejaba de latir a toda velocidad. Todavía podía sentir sus manos sobre mí y… Apreté los ojos con fuerza y me mordí el labio inferior. Y seguía deseando que sus manos aún estuvieran sobre mi cuerpo, desentrañándome como si fuera el regalo especial que él había anhelado durante tanto tiempo. Deseaba seguir en aquella habitación, en aquel sofá, apretada contra los contornos duros de su cuerpo.
Negué con la cabeza. «¿Qué me pasa?», murmuré entre dientes. ¿Por qué hice eso? Se me hizo un nudo en la garganta, ahogada por las lágrimas.
Debería haberme quedado en la cama y aguantado los ronquidos. Debería haberme tapado los oídos con las almohadas. ¿Por qué tuve que ir a buscarlo? ¿Por qué tuve que acercarme tanto a él sin pensar y dejar que esto pasara? ¡Dios mío! ¿Qué habría pasado si no hubiera recuperado el sentido común?
Una lágrima resbaló por mis mejillas. Habían pasado años y en todo ese tiempo no había dejado que ningún hombre me tocara. Ni siquiera había sentido la necesidad de estar cerca de ningún hombre de esa manera, y con un simple roce de Xavier, me convertí en una mujer necesitada y desvergonzada en sus brazos. En los brazos de mi maldito jefe.
CHLOE
Después de hacer la maleta, la miré y me pregunté si habría metido demasiadas cosas. Ella solía comer muchísimo, pero últimamente su apetito había disminuido considerablemente. De hecho, era como si perdiera el apetito día a día.
Entrecerré los ojos y me toqué los labios con el dedo índice mientras seguía pensando en reducir la comida.
Me encogí de hombros. «Bueno, Kieran estaría allí», murmuré para mis adentros mientras contaba con los dedos. «También estarían las enfermeras, las…» Dejé la frase en el aire. Luego, levantando una ceja, me encogí de hombros. «También estarían los simpáticos limpiadores».
Decidí no reducirla mientras volvía a la cocina. Sería demasiado estrés empezar a deshacer lo que había empaquetado con tanto cuidado.
Me serví una ración y la dejé en la mesa del comedor. Simplemente comería algo antes de salir. Con todos esos olores a antisépticos y medicamentos en el hospital, podría vomitar si intentara comer allí.
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Nota de Tac-k: Pasen un muy agradable día martes amadas personitas. Dios les ama y Tac-k les quiere mucho. (ɔO‿=)ɔ ♥
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