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Capítulo 893:
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El edificio estaba escasamente poblado y, por la noche, era especialmente tranquilo.
En aquellos días, Caden se había mostrado atrevido. A veces, no podía esperar a entrar y la abrazaba junto al coche.
Una vez, de madrugada, se dieron un beso apasionado contra la puerta de cristal.
Por aquel entonces, Alicia era mucho más reservada, y le pegaba en broma, con las mejillas sonrojadas, advirtiéndole de que las cámaras estaban vigilando y que el personal de seguridad podría verlos. La risa de Caden era burlona, lo que los incitaba a darse un beso más profundo.
«Si estás tan en contra, ¿por qué respondes con tanto entusiasmo?».
Alicia, ruborizada, protestó débilmente: «No me has dejado otra opción».
Volviendo al presente, Alicia sintió una punzada de tristeza.
Bajó la mirada y su mano rozó algo en la guantera.
Al sacarlo, encontró una caja casi vacía de medicamentos para el estómago, con solo una pastilla.
Caden llenó el cuenco del perro de comida y golosinas, acariciándole cariñosamente la cabeza.
Cuando se dio la vuelta, vio a Alicia entrar con las flores.
«¿Tengo que cambiarme de zapatos?». Su expresión se volvió seria.
Después de dos años, Alicia estaba de vuelta en este lugar, cargada de sus recuerdos compartidos.
Cuando Caden se acercó, anticipando un abrazo, Alicia le entregó las flores en su lugar, evitando hábilmente un contacto más cercano. «Ponlas en agua», dijo ella, abriendo el armario de zapatos. «Y prepárame un bocadillo para la noche. No comí lo suficiente esta noche, gracias».
La voz de Caden estaba ligeramente ronca. «Una vez que estás aquí arriba, no puedes irte».
Alicia dijo: «¿Este lugar es el infierno?».
¿Por qué no podía irse?
Dentro del armario de los zapatos, sus pantuflas seguían allí, limpias y desinfectadas, como si nunca se hubiera ido durante dos años.
Alicia se las puso, se lavó las manos y se unió a Caden en la cocina para preparar un sencillo tentempié nocturno. Como Caden tampoco había comido mucho, ambos terminaron comiendo un tazón.
Alicia preguntó: «¿Cuánto tiempo hace que no comes fuera?».
Caden pareció percibir su preocupación.
«No mucho. Pero a veces, la comida para llevar no sienta bien, así que la evito».
La expresión de Alicia se volvió preocupada. «¿Es grave tu problema de estómago?».
Caden la miró a los ojos. «No».
Alicia sospechó que estaba minimizando la verdad.
Había sufrido de gastritis en el pasado, lo cual había sido agonizante, pero a menudo la descuidaba, tomando medicamentos solo cuando era absolutamente necesario. Ahora, la medicina estaba guardada en el coche.
¿Qué tan grave debe ser su condición para alterar sus hábitos de esta manera?
Caden trató de aligerar el ambiente, diciendo: «No es cáncer. Planeo estar por aquí por mucho tiempo, con suerte contigo». Alicia no estaba segura de la gravedad de sus problemas de salud, lo que le hacía pensar en mil cosas.
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