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Capítulo 861:
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El rostro de Alicia se volvió más frío. Sus intentos por desahogar su ira solo aumentaban su irritación, mientras que él parecía disfrutar de sus regaños. Estuvo tentada de detenerse, pero sintió que una tensión sin resolver se acumulaba en su interior. Intentando provocarlo, espetó: «Solo han pasado dos años y ya te falta resistencia. Acabar en media hora es demasiado pronto, ¿no crees? Sobre todo porque fue solo con las manos.
Anteriormente, cuando se involucraban más, había durado al menos una hora. Y solo con las manos, había llevado aún más tiempo.
Caden no se enfadó. —Realmente es culpa mía —dijo—. Después de estar dos años sin ti, me volví un poco impaciente.
Alicia se quedó sin palabras.
Caden sonrió. «La próxima vez, me aseguraré de que no te decepciones».
Alicia se puso tensa, recordando sus comentarios anteriores sobre ajustar cuentas. Se puso a la defensiva.
Al sentir su vacilación, Caden la levantó con cuidado y la llevó de vuelta a la ducha. «Me he ocupado de todo. No te presionaré en asuntos como este. Solo sucederá si tú quieres».
Antes de que Alicia pudiera responder, Caden añadió: «Tú mandas. El control es todo tuyo».
Se hizo el silencio entre ellos.
Caden la bañó de nuevo con cuidado, cuidándola con manos suaves.
Relajada en el agua tibia de la bañera, acunada por los brazos de Caden, Alicia se encontró incapaz de moverse. Soltando su agarre, Alicia inclinó la cabeza para contemplar el agua brillante.
Caden acurrucó su cabeza en el cuello de ella, con los ojos suavemente cerrados.
—Lucky, permíteme la oportunidad de conquistarte.
Las pestañas de Alicia parpadearon suavemente. Ella respondió secamente: —¿Es eso una petición o una orden? ¿Alguna vez le había pedido permiso para algo desde que regresó? Sus acciones parecían desconsideradas, como si estuviera actuando para un público invisible.
Caden besó su piel. «Viendo que la compasión no te conmueve, recurrí a este método, aunque parece que no te gusta».
Alicia dijo: «Sabiendo eso, deberías soltarme ahora».
Caden vaciló. Después de un momento, la soltó.
—Ahora me doy cuenta de que mi mayor defecto es mi asertividad, siempre agarrando lo que quiero sin mostrarte el respeto que mereces. Mientras hablaba, la giró para que le mirara a la cara, acunando su rostro con seriedad. —Empecemos de cero con una relación real. A partir de ahora, todo lo que haga dependerá de tu decisión, ¿de acuerdo?
Alicia lo sintió surrealista. Escuchar tales palabras de Caden le pareció completamente inesperado, como un rayo en un cielo despejado.
Un ceño fruncido surcó su rostro, su duda era evidente. «Es difícil de creer», dijo.
Caden respondió: «Si no soy capaz de hacerlo, tienes muchas formas de manejarme, ¿no?». No había nada de qué preocuparse.
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