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Capítulo 851:
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Durmieron hasta el anochecer. Cuando Alicia se despertó, desorientada e insegura de la hora, lo único que pudo distinguir de inmediato en la oscuridad fue un fuerte brazo que la rodeaba firmemente por la cintura. No necesitó mirar para saber de quién era el brazo.
Los recuerdos de los momentos previos al sueño la invadieron, dejándola con una confusa mezcla de emociones: placer mezclado con repulsión, una sensación que no podía articular.
Buscó la luz y la encendió, incorporándose al hacerlo. El repentino movimiento despertó a Caden. Parpadeó grogui, con las cejas fruncidas en señal de ligera molestia, claramente reacio a que lo sacaran de la comodidad de su sueño.
«¿Por qué te has despertado después de un descanso tan breve?», preguntó, con la voz ronca por el sueño.
Alicia miró el reloj. Ya eran las once de la noche. Apretó los labios, sin decir nada, y se deslizó fuera de la cama. Al moverse, sintió un dolor agudo en la cara interna del muslo. Sobresaltada, miró hacia abajo y descubrió una clara marca de mordisco grabada en su piel.
Su mirada se ensombreció cuando se volvió hacia Caden, con los ojos llenos de un resentimiento latente.
Caden, al notar la marca y la expresión de su rostro, frunció el ceño. Con un tono tranquilo y sin disculparse, dijo: «Me dejé llevar».
Habían pasado dos años, pero Alicia seguía erizándose ante los atrevidos comentarios de Caden. Durante su tiempo como pareja, las bromas juguetonas habían sido parte de su encanto. Ahora, con la competencia definiendo su principal conexión, la dinámica había cambiado. ¿Era apropiado coquetear entre rivales? Sin embargo, sus recientes interacciones habían desdibujado límites mucho más significativos.
Sintiendo una conmoción familiar en su interior, Alicia apartó rápidamente ese pensamiento. Se vistió apresuradamente, con la atención puesta en las numerosas varitas de incienso esparcidas cerca de la cama.
La mirada de Caden siguió atentamente sus movimientos.
«Esas varitas de incienso tienen el aroma que solía gustarte. ¿Te sigue gustando?», le preguntó.
Alicia asintió y contestó, con un tono sutilmente irónico: «Sus cualidades afrodisíacas son notablemente eficaces». Sus palabras sugerían que el incienso, más que el propio Caden, había influido en sus acciones antes de quedarse dormida.
Caden sonrió con complicidad, pero prefirió no discutir.
«Si sigues siendo fan, tengo más en mi coche. Puedo dártelos».
Ajustándose el pelo, Alicia contestó secamente: «No será necesario».
El mordisco de Caden había sido inesperadamente contundente, dejándola físicamente agotada tras un sueño profundo agravado por un día sin comer. Alicia se sentó en silencio, haciendo acopio de energía, con el ceño fruncido y las manos apretadas en el regazo.
Al notar su tensa conducta, Caden preguntó: «¿Tienes hambre?».
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