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Capítulo 844:
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«No es exactamente eso. Es más bien que Alicia simplemente no siente nada hacia los hombres».
Las palabras golpearon a Caden como un mazazo. Un pensamiento le asaltó de repente, y su ceño se frunció con sospecha.
«Un momento… ¿Ha cambiado su orientación sexual? ¿Le atraen ahora las mujeres?».
El médico le hizo un gesto a Caden para que tomara asiento y luego cerró la puerta en silencio. Respiró hondo antes de continuar: «Le hicimos un chequeo físico exhaustivo. Por todo lo que me ha contado Alicia, su orientación sexual no ha cambiado. Pero hay una notable falta de sensibilidad en esa área, casi como si se hubiera apagado emocionalmente.»
Caden se quedó mirando el historial médico, incapaz de hablar por un momento. No era un problema médico típico. No era algo que pudiera resolverse con pastillas o terapia. Estaba claro que Alicia no lo había superado. Recordaba lo ferozmente que lo había amado, su dedicación a su relación y cómo había dado todo lo que tenía. Y cuando se fue, no fue porque su amor por él se hubiera desvanecido. Fue porque ella no podía soportar la realidad de su situación.
En ese momento, Caden se dio cuenta de que él era el que había causado su dolor.
«¿Hay alguna manera de arreglar esto?» La voz de Caden era tensa, apenas audible mientras miraba al médico.
«Para empezar, podemos probar con medicación», sugirió el médico.
«Si controlamos su insomnio, podría ayudar a regular sus otras funciones corporales y potencialmente resolver algunos de los problemas subyacentes».
Caden negó con la cabeza, con un atisbo de frustración en los ojos.
«La medicación no funciona. Lo sé».
Tenía un plan diferente en mente para Alicia, uno que no implicaba pastillas.
El médico, intuyendo que había algo más en la situación, vaciló antes de preguntar: «Señor Ward, ¿es la señorita Bennett su…?».
Caden lo interrumpió con una mirada fría y penetrante.
«Es mi prometida».
El médico se quedó paralizado, sorprendido por la revelación. El nombre «Alicia Bennett» le sonó de repente. Ahora entendía por qué su rostro le resultaba tan familiar. Tras la extravagante proposición de Caden dos años atrás, Alicia había estado en todas las redes sociales, cautivando la atención de todo el mundo en Warrington.
«Mantenga la confidencialidad de sus informes médicos», dijo Caden con firmeza, sin discutir.
El médico asintió rápidamente, comprendiendo la gravedad de la situación.
«¿Tiene alguna otra molestia?» volvió a insistir Caden, con la voz teñida de urgencia.
El médico dudó, inseguro. No era exactamente su especialidad, pero quería ayudar.
«Me pondré en contacto con algunos colegas. Deme un poco de tiempo y me pondré en contacto con usted».
Caden hizo un gesto desdeñoso.
«No hace falta».
Él ya estaba planeando manejar las cosas por su cuenta. En unos instantes, tomó una decisión que, aunque cuestionable, le pareció necesaria.
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