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Capítulo 804:
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Se aferró a ella como un niño, murmurando: «Lucky, dime en qué piensas de verdad, ¿vale?».
Alicia estuvo a punto de apartarle la mano pero, tras un pequeño escalofrío, se la puso suavemente en la frente.
Su cuerpo ardía.
Estaba enfermo y frágil, carente de su confianza y orgullo habituales.
Los ojos de Alicia se llenaron de lágrimas mientras bajaba la mirada, permaneciendo en silencio.
Caden tiró de ella para acercarla, disculpándose una y otra vez.
Alicia separó ligeramente los labios, tragándose una oleada de emociones, angustia y dolor.
«Estás muy enferma. Descansa un poco», dijo ella, tratando de apartarlo, pero él la atrajo con más fuerza.
«Lucky, cásate conmigo».
Alicia se congeló por un segundo.
Caden susurró: «Puedes atormentarme todo lo que quieras, pero ¿puedes darme un poco de paz? Quiero casarme contigo, pase lo que pase».
Alicia se quedó allí, congelada, dándose cuenta de que ya estaba llorando mientras las gotas frías caían sobre su mano.
Caden la soltó, cogiéndole la mano y poniéndosela en la cara.
Todavía ardía de fiebre.
«Prometiste que te casarías conmigo», dijo, con voz firme.
«No puedes romper tu promesa».
Al cabo de un rato, Alicia se secó las lágrimas y se tranquilizó.
Miró su rostro afilado y le preguntó en voz baja: «¿Realmente lo has pensado bien?».
A Caden se le iluminaron un poco los ojos y preguntó con impaciencia: «Entonces, ¿quieres…?».
Alicia tiró de sus labios y dijo: «Saltémonos la boda y limitémonos a hacer el papeleo. ¿Cuándo quieres casarte?».
A Caden le pilló desprevenido la facilidad con la que ella accedió, inseguro por un momento de si era real.
«Antes de fin de año», dijo, luego cambió rápidamente de opinión.
«¿La semana que viene?».
Alicia asintió.
«De acuerdo.»
Caden sonrió a través de sus ojos llorosos, sintiéndose mareado, y prometió: «Esta vez no volveré a meter la pata. Confía en mí».
Alicia asintió y le dijo suavemente: «Descansa un poco».
Caden quiso abrazarla mientras dormía, pero no quería contagiarle el virus, así que la dejó marchar.
Quizá estaba demasiado contento, porque acabó cayendo en un profundo sueño sin preocupaciones.
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