✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 782:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
En cuanto se sentó en el coche, cogió el móvil para ver cómo estaba Alicia. Sin embargo, su teléfono estaba muerto. Encogiéndose de hombros, miró por la ventanilla, observando cómo la nieve cubría el mundo en silencio.
«¿Hay alguna floristería cerca?», preguntó a su chófer, Hank. No podía volver con las manos vacías. Tenía que disculparse.
Hank asintió, conduciendo hasta una pintoresca tienda que conocía bien.
Cuando Caden salió, sonó el teléfono de Hank.
Era del hospital.
«¿Hola?»
Caden seleccionó cuidadosamente las rosas blancas favoritas de Alicia. Justo cuando cogía el ramo, una espina le pinchó. Era un corte superficial, pero el pinchazo le produjo un inquietante escalofrío en el pecho. Se quedó inmóvil, mirando la sangre que le manchaba la palma de la mano, con el corazón repentinamente apretado, como atado por hilos invisibles. ¿Cuándo se había vuelto tan sensible?
Al notar su rostro pálido, la dependienta, claramente preocupada, le ofreció una venda.
«Señor, déjeme ayudarle con eso».
En ese momento, sonó un fuerte golpe en la entrada. Caden levantó la vista y vio a Hank entrando a toda prisa, habiendo derribado una maceta con las prisas.
«Señor Ward… Ha ocurrido algo», balbuceó Hank.
Caden entrecerró los ojos.
«¿Qué ha pasado?»
La voz de Hank temblaba.
«Es el hospital. La señora Bennett… Tuvo un accidente de coche».
El terror no era la muerte, sino la idea de perder a un ser querido. La media hora en coche hasta el hospital parecía una eternidad. La mente de Caden se tambaleaba, y apenas podía mantenerse en pie cuando salió del coche. Alicia había salido del quirófano y estaba en recuperación.
El pasillo fuera de su habitación estaba abarrotado. Caden se apresuró a avanzar, pero una mano lo detuvo en el hombro.
«¡Suéltame!», gruñó, con voz áspera, mientras daba un puñetazo al guardaespaldas que le impedía el paso.
El guardia retrocedió a trompicones, pero Ciara apareció con el rostro enrojecido por las lágrimas y la rabia.
«Monstruo sin corazón». Su voz tembló mientras le abofeteaba, con todo el cuerpo tembloroso.
«¿Cómo te atreves a mostrar tu cara aquí?»
Caden se puso en pie, con los ojos inyectados en sangre, su expresión antes orgullosa ahora llena de dolor y arrepentimiento. Ignoró sus palabras y empujó al guardaespaldas, irrumpiendo en la sala.
Caden no podía soportar la idea de que Alicia sufriera algún daño. Necesitaba verla con sus propios ojos. Su confianza sólo se extendía a sus propias observaciones.
.
.
.