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Capítulo 331:
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Cuando amó a Caden, lo hizo por su pasado, tratando incansablemente de ayudarle a escapar de sus sombras.
Sin embargo, había pasado por alto algo crucial.
Ella también había sido ensombrecida por la oscuridad.
Había llegado tan lejos por sí misma, sin que nadie se preocupara de verdad por ella o la apreciara. Eso explicaba su naturaleza tierna. Creía que sólo con sinceridad conseguiría el amor que anhelaba.
Todo lo que deseaba era un poco de atención y afecto. Él le había ofrecido riqueza, influencia, joyas y reconocimiento, pero no amor.
El arrepentimiento consumía a Caden.
Se sintió ahogado.
Jadeaba, como si fuera un pez fuera del agua.
Sus sentimientos tiraban de él, encendiendo un persistente dolor en su pecho. Impulsado por una necesidad urgente, cogió el teléfono y llamó a Alicia.
Ella no le ignoró.
Le cogió el teléfono.
Durante unos segundos, ninguno de los dos habló. Por fin, la suave voz de Alicia cortó el silencio. Preguntó: «¿Recibiste mi regalo?».
Al oír su voz, Caden sintió una repentina calma.
«Sí», respondió, con voz áspera.
Alicia fue breve.
Con sinceridad, dijo: «Feliz Navidad, Caden».
A Caden le temblaron las manos.
Ella sabía exactamente cómo ofrecer amor e infligir dolor.
Siempre sabía cómo golpear donde más dolía.
Se había preparado para cualquier reacción que ella pudiera tener; imaginaba que lloraría, montaría una escena o incluso lo maldeciría.
Pero nunca esperó las simples palabras: «Feliz Navidad».
Se le secó la garganta. «Ahora me odias, ¿verdad?».
Alicia respondió: «¿Odiarme? Nunca te odié, excepto cuando tenía nueve años».
A Caden le pilló desprevenido. ¿Nueve años?
Cuando Alicia tenía nueve años, Caden estaba de luto por la muerte de su madre y se había tomado un año sabático. Finalmente, para evitar hundirse más en el dolor, se obligó a recuperarse y se trasladó a la escuela de ella.
Ese año, sus vidas se entrelazaron estrechamente.
Él estaba sombrío y retraído por la pérdida de su familia más cercana, mientras que Alicia, apreciada por sus padres, era vibrante y llena de vida, como una perla.
Él era celoso y resentido. Utilizó su excepcional inteligencia para hacerse con la primera posición, superándola en todo momento.
«Lo siento», murmuró Caden.
Alicia respondió rotundamente: «Demasiado tarde».
Caden tragó saliva y guardó silencio.
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