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Capítulo 1232:
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«Mi futuro cuñado debe estar indignado de que alguien tan retorcido como tú se consuma por él. Probablemente, solo de pensarlo se le pone la piel de gallina».
Un dolor agudo atravesó el pecho de Laney. A pesar de la rabia que ardía en su interior, se encontró incapaz de defenderse. Quizás Kira tenía razón. Cliff sí encontraba repulsivo su afecto.
Perdida en su desesperación, Laney no oyó el insistente timbre de su teléfono. Cuando la realidad finalmente penetró en su aturdimiento y ella alcanzó el dispositivo, sus manos temblaron tan violentamente que se le resbaló entre los dedos, golpeando el suelo con un ruido sordo, la pantalla iluminada.
La mirada de Kira se fijó en el fondo de pantalla: la mitad de la cara de Cliff capturada en un perfil perfecto.
Antes de que Kira pudiera examinarlo más a fondo, Laney agarró el teléfono. Al ver el nombre de Cliff parpadear en la pantalla, Laney pulsó deliberadamente en rechazar.
Kira recordó algo de repente.
«Oh, tengo que irme. Mi hermana necesita ayuda para elegir los vestidos de compromiso hoy».
Laney se quedó paralizada, aferrándose a su teléfono como a un salvavidas, con el tiempo estirándose sin cesar a su alrededor. No sabía nada de los preparativos del compromiso. Cliff lo había mantenido todo en secreto.
Pero la empresa de joyería no dejaría pasar una oportunidad publicitaria tan dorada. Esa noche, todos los titulares de moda ardían con la noticia del compromiso de Cliff y Juliet.
Laney estaba sola en el balcón, con los ojos fijos en el bosque de rascacielos al otro lado del río. Por encima del latido de la ciudad, una valla publicitaria llamaba la atención: una fotografía ingeniosamente editada de Cliff y Juliet adornados con joyas relucientes. Él era magnífico, un príncipe dorado tallado en mármol, que irradiaba nobleza. Su mirada atravesaba la noche, aguda como la escarcha del invierno, aparentemente ajena al calor o al amor. El hombre que había protagonizado sus sueños nocturnos ahora estaba marcado como el prometido de otra.
El teléfono de Laney volvió a vibrar.
Solo cuando bajó la mirada se dio cuenta de que las lágrimas ya habían invadido su visión. A través del velo de agua, el nombre de Cliff pulsaba en la pantalla como un faro. Con dedos temblorosos, aceptó la llamada.
«¿Por qué has estado tan esquivo hoy? No respondiste a mi llamada», la voz de Cliff tenía su autoridad habitual.
A Laney se le hizo un nudo en la garganta y las palabras se le negaron. Mantuvo la mirada fija en la lejana valla publicitaria, como si estuviera contando los preciosos momentos que le quedaban para memorizar su rostro.
Cuando el silencio se extendió entre ellos, la voz de Cliff se suavizó.
—Laney, ¿puedes oírme?
—Cliff —susurró ella, su nombre era una oración en sus labios.
Cliff hizo una pausa.
—¿Sí?
—Felicidades por tu compromiso.
Cliff acababa de enterarse de que la noticia de su compromiso ya estaba en todas partes. En un mundo impulsado por la tecnología, los rumores de los círculos de élite no se quedan en silencio por mucho tiempo.
Cliff se había acostumbrado al sinfín de felicitaciones. La mayoría le parecían vacías y ya apenas reaccionaba. Pero cuando Laney lo felicitó, algo cambió. Sus palabras permanecieron en su mente, despertando emociones que creía haber enterrado. ¿Era sincera? No podía saberlo. Dejando de lado sus pensamientos, Cliff salió temprano del trabajo y regresó a la villa de la familia Hopkins.
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