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Capítulo 1135:
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El coche viró hacia su nuevo rumbo, acelerando en la noche. Después de lo que pareció una eternidad, los desesperados lamentos de Scarlette finalmente se suavizaron hasta convertirse en quejidos silenciosos. Alicia la meció suavemente mientras su hija agotada se aferraba a su ropa, adentrándose en un sueño inquieto.
«Siento mucho haberle arruinado la velada, señora Reed», susurró Alicia, con evidente inquietud en la voz.
«Una lluvia de meteoritos no es nada comparado con esto», la tranquilizó Jaida. «¿Scarlette había llorado así alguna vez?».
«Nunca», respondió Alicia, con preocupación en el rostro. «Es la primera vez desde que nació».
Su conversación se desvaneció cuando Scarlette se sumió en un sueño más profundo.
Sin previo aviso, su tranquilo viaje se interrumpió abruptamente, deteniéndose de golpe.
Ellis protegió instintivamente a Jaida, con los ojos fijos en la ventana. El horror transformó sus rasgos al presenciar la escena exterior.
Siguiendo su mirada, Alicia se quedó sin aliento al ver un puente lejano que se extendía sobre el mar, con su centro desmoronándose en las profundidades y un humo oscuro elevándose hacia arriba. El aire nocturno se partió con el lamento de las sirenas de emergencia.
Un pavor helado se apoderó de todos los ocupantes del coche. Ese puente había sido su única ruta hacia el lugar de observación de meteoritos. Si no hubiera sido por la misteriosa angustia de Scarlette, habrían cruzado ese puente y el mar implacable se habría llevado sus vidas.
«De alguna manera, tu hija sintió el peligro inminente. No tiene explicación…», susurró Jaida, con la voz teñida de conmoción.
Alicia acercó a su hija dormida, sintiendo un repentino impulso protector. ¿Podría ser cierto? La idea desafiaba la lógica, pero la evidencia estaba en su salvación. El tenso silencio se rompió cuando el teléfono de Alicia se iluminó con la llamada de Caden.
Alicia sospechaba que Caden había visto el accidente, lo que le llevó a comprobar si estaba a salvo. Contestó al teléfono rápidamente.
Efectivamente, la voz de Caden temblaba cuando preguntó: «¿Dónde estás?».
Alicia respondió, con su propia voz temblando ligeramente: «No estoy en el puente. No te preocupes».
Respiraciones profundas llenaron el otro extremo de la línea. Incluso sabiendo que Alicia estaba a salvo, Caden no podía calmarse.
Alicia le dio su dirección y le instó a que fuera.
Caden insistió en mantener la línea abierta.
Alicia miró a Jaida a su lado, colgó el teléfono con calma y esperó a Caden.
Cuando el impacto inicial pasó, todos en el coche se calmaron. Jaida, conmovida por su preocupación mutua, sonrió y dijo: «Tu marido realmente se preocupa por ti».
Un poco avergonzada, Alicia respondió: «Eso es típico de los hombres recién casados».
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