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Capítulo 1134:
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«Adivina».
«¿Cade?», se aventuró él, fingiendo inocencia.
Las risas brotaron de los labios de Alicia.
Su boca suave y fragante se cernía tentadoramente cerca, y Caden sucumbió a la atracción magnética, inclinándose para reclamar su beso.
Su llegada a Cruasa trajo consigo un encuentro inesperado en el hotel: Ellis, un destacado empresario de Banta, y su familia.
Caden le debía un favor a Ellis, y su respeto mutuo exigía un reconocimiento. Sin dudarlo, Caden extendió una invitación a cenar.
Ellis se movía por el mundo con un refinamiento natural que hacía que los cuidados modales de Caden parecieran estudiados, especialmente al interactuar con niños. Caden sostenía a Scarlette en brazos, mientras Alicia y Jaida estaban sentadas cerca, irradiando belleza y gracia.
La mirada de Alicia se desvió hacia el segundo hijo de la familia Reed, una pequeña figura encaramada en su silla. A los cinco años, sus delicados rasgos ya hacían eco del distinguido perfil de su padre, aunque la juventud todavía suavizaba el parecido. El niño vibrante que recordaba había desaparecido, reemplazado por un niño apático que parecía no encontrar alegría en su entorno.
«Últimamente no ha sido él mismo, está muy frágil», confesó Jaida, con voz cargada de preocupación maternal.
«La temporada de gripe ha sido especialmente dura», aventuró Alicia con delicadeza.
«¿Se está recuperando bien?».
Jaida asintió, con un atisbo de preocupación en los ojos.
Algo en la actitud de Jaida le dijo a Alicia que la dolencia del niño iba más allá de una simple enfermedad. Quizá la familia Reed compartía la esperanza de Caden de que la fortuna prometida por la lluvia de meteoritos pudiera tocar a su hijo enfermo. Cuando el espectáculo celestial se acercaba a su punto álgido de las diez, sus planes de salida después de la cena se vieron interrumpidos cuando Caden recibió una llamada urgente de un proyecto que requería su atención.
Alicia sugirió que Caden se ocupara primero y que ella viajaría con la familia de Jaida.
Caden lo consideró brevemente antes de aceptar, prometiendo reunirse con ellos después.
Su viaje se interrumpió abruptamente cuando Scarlette rompió a llorar desconsoladamente. Con el rostro surcado por la angustia, se lamentaba con tal intensidad que destrozó el corazón de Alicia, obligándolas a desviarse hacia el hospital.
Jaida, con su experiencia maternal, tomó a Scarlette en sus brazos para examinarla a fondo, pero no encontró ninguna causa aparente.
Sin embargo, la angustia de Scarlette no hizo más que intensificarse hasta que su tez adquirió un tono púrpura alarmante.
Con el miedo atenazándola, Alicia acunó a Scarlette mientras intentaba calmarla. La expresión de Jaida se volvió seria mientras ordenaba al conductor que se dirigiera rápidamente al principal centro médico de la ciudad.
Mientras tanto, Ellis activó su red de contactos en el hospital para asegurarse de que el personal médico y una cama estuvieran listos a su llegada.
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