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Capítulo 1024:
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Alicia giró la cabeza, con voz firme pero aguda. —Sigo enfadada. Espera a que lo esté para intentar compensármelo.
La frustración surgió en Caden, su tono fue cortante. «Yo no hice nada malo. ¿Por qué debería ser yo quien se reconcilie contigo?».
Alicia levantó una ceja, su silencio fue más fuerte que cualquier réplica.
Al darse cuenta de que estaba librando una batalla perdida, Caden retiró la mano y exhaló lentamente, relajando su postura. «No te estaba impidiendo cerrar la puerta por ningún otro motivo. ¿No mencionaste antes que querías postre? Solo te preguntaba qué tipo de postre querías».
Alicia preguntó con tono agudo: «Entonces, ¿te entendí mal antes? ¿De verdad necesitas una segunda secretaria?».
Caden se relamió los labios pensativo. «Hablaremos de trabajo más tarde. Solo dime qué tipo de postre quieres».
La respuesta de Alicia fue fría y seca: «Ya no tengo apetito. No te molestes». Dicho esto, volvió a cerrar la puerta.
Aunque impulsivo por naturaleza, Caden no carecía de inteligencia emocional. Alicia podría afirmar que no quería postre, pero él lo sabía. Tenía que prepararlo. Recordaba su afición por el pudín, cómo siempre lo saboreaba con tranquilo deleite.
Después de preparar el pudín, Caden no llamó a la puerta, sino que lo dejó en el comedor.
Al cabo de un rato, Alicia salió del dormitorio, se sentó en silencio a la mesa y se comió el pudín como siempre hacía. Una vez terminado, regresó al dormitorio sin decir palabra.
Mientras ella comía, Caden fingió estar absorto en su trabajo.
Cuando Alicia regresó al dormitorio, Caden no pudo resistirse. «¿Ya has terminado y te vas?».
Alicia le echó un vistazo. «Estaba bueno, muy delicioso».
Intuyendo una oportunidad, Caden se puso de pie, dispuesto a abrazarla, pero Alicia se dio la vuelta, con palabras firmes pero indiferentes.
«Lava los platos».
Se quedó paralizado, atónito.
Quizá el certificado de matrimonio le había dado una nueva sensación de confianza, o tal vez simplemente se había acostumbrado a su actitud brusca. En cualquier caso, Caden no insistió esa noche.
A la mañana siguiente, Alicia se levantó temprano y encontró a Caden tumbado en el sofá del salón, no en cualquier sofá, sino en el del balcón. La ventana estaba abierta de par en par y no tenía manta. Vestido con ropa de estar por casa de manga corta y pantalones cortos, tenía la mitad de la piel expuesta al aire frío de la noche de verano.
Aunque era verano, las noches eran lo suficientemente frías como para hacerla detenerse. Dormir así, seguro que le iba a resfriar.
Todavía era temprano, así que Alicia decidió no despertarlo. En su lugar, cogió en silencio una manta y se la echó encima.
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