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Capítulo 413:
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A la mañana siguiente, Kayla se despertó temprano, solo para descubrir que Jeremy ya se había ido.
Una enfermera le informó de que se había marchado a primera hora para asistir a una reunión de la empresa.
«Todavía se está recuperando. ¿Por qué se apresura a volver al trabajo?», murmuró Kayla, frunciendo el ceño.
Recordando que tenía que hablar con Marsha sobre el traslado al hospital, se aseó rápidamente y se dirigió a la sala. Al llegar a la puerta, oyó la voz de Hilton.
«Menos mal que Jeremy se quedó contigo anoche. La fiebre te bajó rápido. Si no la hubieran detectado a tiempo, las cosas podrían haberse puesto graves».
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Kayla abrió mucho los ojos. Empujó la puerta. «¿La abuela tenía fiebre?».
Hilton se volvió hacia ella y asintió. «Sí. Se resfrió. Jeremy se quedó a su lado hasta el amanecer y luego se fue a la oficina. Intenté detenerlo, pero no me hizo caso. Él mismo todavía se está recuperando y ni siquiera le importa». Mientras hablaba, lanzó una mirada disimulada a Marsha.
Marsha frunció los labios, sin decir nada, aunque su expresión cambió muy ligeramente.
Hilton arqueó una ceja, pero no insistió.
Kayla se quedó en silencio, atónita, con la voz apenas por encima de un susurro. «No lo sabía…». Quería preguntar más sobre el estado de Jeremy, pero miró a Marsha y se contuvo.
Hilton cogió la historia clínica. «He hablado demasiado. Debería volver al trabajo. Pero no te preocupes demasiado. Jeremy es más fuerte de lo que parece». Dicho esto, salió de la habitación.
Kayla lo acompañó hasta la puerta y luego volvió para servirle un vaso de agua a Marsha. Le tocó suavemente la frente: no tenía fiebre. Solo entonces respiró un poco más tranquila.
Se sentó junto a la cama y empezó a masajearle las piernas a Marsha.
Marsha se recostó, observándola. Kayla parecía distante, perdida en sus pensamientos.
«Kayla», la llamó en voz baja.
No hubo respuesta. Marsha la llamó unas cuantas veces más antes de alzar la voz. «¡Kayla!».
Sobresaltada, Kayla salió de sus pensamientos. «Lo siento, abuela. Es culpa mía. Llevarte ayer a dar un paseo debió de ponerte enferma».
«No fue culpa tuya. Era el funeral de tu madre. Habría ido de todas formas», respondió Marsha, suavizando el tono. «Dile a Jeremy que hacerse daño no va a cambiar mi opinión sobre vosotros dos».
Justo entonces, sonó el teléfono de Kayla. Era Jeremy.
Miró a Marsha, sin saber si contestar.
«Ve a contestar. Quiero descansar», dijo Marsha, tumbándose.
Una vez que Marsha cerró los ojos, Kayla salió en silencio al pasillo y contestó. «Jeremy».
Jeremy se rió entre dientes. «Ya estás despierta. ¿Te has comido el desayuno que te trajo la enfermera?».
«Sí. ¿Y tú?».
«Sí».
Pero, de fondo, se oyó la voz de Edwin. «Sr. Graham, se le ha enfriado el desayuno. ¿Le traigo uno recién hecho?».
Kayla frunció el ceño. «Aún no has comido. ¿Por qué mientes?»
Jeremy carraspeó, tratando de disimular su vergüenza. «Es que he estado ocupado».
«Ocupado o no, tienes que comer. Aún te estás recuperando». Ella no se dio cuenta de la preocupación en su voz.
Jeremy la percibió de inmediato. «Entonces, ¿por qué no vienes a comer conmigo? Si no, puede que no tenga apetito».
Kayla echó un vistazo a la hora; sí que tenía algo de tiempo libre. «Pasaré más tarde».
Jeremy no esperaba que ella dijera que sí. Una silenciosa emoción le recorrió el cuerpo. «De acuerdo».
Tras colgar, Kayla se quedó de pie un momento, absorta en sus pensamientos. Como él no había comido, decidió preparar un poco de sopa y llevársela como agradecimiento por cuidar de Marsha.
Sin demora, pidió al chófer que la llevara de vuelta a la finca Blossom.
Cuando el mayordomo supo que regresaba, reunió emocionado al personal para darle la bienvenida.
Jeremy ya les había informado de que Kayla era su futura esposa, por lo que todos la trataban con el máximo respeto.
Pero, para su sorpresa, Kayla se dirigió directamente a la cocina.
El mayordomo la siguió, desconcertado. «Señorita Cooper, ¿busca algo?».
Al abrir la nevera, Kayla sonrió. «Quiero hacer sopa para Jeremy. ¿Tenemos los ingredientes?».
No era la mejor cocinera, pero se le daba de maravilla hacer sopa.
El mayordomo dudó. «Tenemos todo lo necesario, pero como está embarazada, quizá sea mejor dejar que el personal se encargue».
«No hace falta. Yo me encargo».
Con un suspiro, hizo una señal al personal de cocina para que trajera los ingredientes necesarios.
Kayla los examinó con cuidado y decidió preparar una sopa rica y nutritiva. Mientras se ponía manos a la obra, el mayordomo le indicó discretamente a una criada que la vigilara, por si acaso.
Luego, sin que Kayla se diera cuenta, salió silenciosamente de la cocina y llamó a Jeremy.
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