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Capítulo 342:
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Kayla estuvo despierta casi toda la noche, y solo se quedó dormida cuando empezaron a entrar los primeros rayos de luz. No volvió a despertarse hasta que el sol ya había pasado el mediodía.
El sonido de unos golpes persistentes la devolvió a la realidad. De no ser por eso, quizá habría dormido hasta la tarde.
«Señorita Cooper, el señor Graham espera que se despierte pronto y tome algo», dijo la criada respetuosamente desde el pasillo.
Parpadeando, confundida, Kayla se incorporó y se frotó los ojos. «Pase», murmuró, con las palabras amortiguadas por el sueño.
Una oleada de aromas apetitosos llenó el aire cuando la criada entró, haciendo que su estómago rugiera en respuesta.
Bostezando, Kayla levantó la vista y preguntó: «¿Qué hora es?».
«Son las once».
Kayla parpadeó de nuevo, por fin completamente despierta. Ahora entendía por qué tenía tanta hambre: toda la mañana se había esfumado.
Retiró las sábanas y se levantó de la cama, con la intención de refrescarse. Pero, ¿y si se encontraba con Jeremy más tarde?
Se dio la vuelta y preguntó: «Jeremy no está en casa, ¿verdad? ¿Ya se ha ido?».
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La criada sonrió y negó con la cabeza. «El señor Graham está abajo, esperándola».
A Kayla se le aceleró el corazón.
¿Por qué la esperaría Jeremy así? El desayuno perdió su atractivo a medida que los nervios se apoderaban de ella, pero comió en silencio, preguntándose qué le depararía este nuevo día.
Una vez terminada la comida, Kayla posó con cuidado una mano sobre su vientre en crecimiento. La idea de que Jeremy la esperara abajo la inquietaba, y los nervios le estaban haciendo mella. Si esta extraña rutina continuaba, temía que la verdad sobre el padre del bebé saliera a la luz. En ese caso, incluso después de dar a luz, dudaba de que tuviera derecho a criar a su hijo. Cualquier sueño de un futuro con Jeremy le parecía imposible.
Huir parecía ser la única respuesta, y se dio cuenta de que tenía que actuar pronto.
Pasaron otros veinte minutos antes de que Kayla reuniera por fin el valor para bajar las escaleras.
Cuando sus pasos resonaron en el salón, Jeremy levantó la vista de su revista. Dejó caer la revista, se metió la mano en el bolsillo y se puso de pie. «Vaya, sí que sabes aprovechar el sueño. Si no hubiera pedido a alguien que te despertara, probablemente seguirías arriba soñando».
Kayla se llevó la mano al vientre. «El embarazo hace eso. Si no estás seguro, quizá deberías buscarlo en Internet. Es bastante común».
Con un leve asentimiento, Jeremy respondió: «Tienes razón. Probablemente debería informarme un poco sobre eso».
Un timbre estridente rompió el momento, justo cuando Kayla empezaba a responder.
Jeremy cogió el teléfono, con tono distante. «¿Sí?».
Desde el otro lado, una voz explicó: «Sr. Graham, Zoe quiere hablar con usted en el hospital».
La respuesta de Jeremy no llegó de inmediato. Cruzó la mirada con Kayla, con un atisbo de conflicto en su expresión.
Solo tras una pausa dijo: «De acuerdo. Allá iré». La llamada terminó sin más.
Kayla se quedó callada, con la curiosidad a flor de piel pero sin expresarla.
«Señor Graham, el doctor White está aquí», anunció el mayordomo al aparecer en la puerta. Justo en ese momento, Hilton entró.
Una sonrisa pícara se dibujó en el rostro de Hilton al entrar. «Vaya, esto es algo que no se ve todos los días. ¿Cómo habéis acabado juntos los dos?».
Evitando la mirada de Hilton, Kayla miró de reojo a Jeremy, con una expresión de incomodidad en el rostro, y rápidamente bajó la vista al suelo.
Jeremy no le prestó atención a Hilton. «¿Has hecho lo que te pedí?», preguntó, yendo al grano.
Al principio, Hilton se limitó a encogerse de hombros con indiferencia. Se acercó y le entregó una carpeta a Jeremy. «Aquí encontrarás los detalles. Hice que alguien recogiera el informe oficial de la funeraria. Al conductor que tuvo el accidente ese día le diagnosticaron hipertensión hereditaria. Los síntomas aparecieron justo antes del accidente.»
Jeremy tomó el informe y lo ojeó, con aire seguro. «Mañana daré una rueda de prensa. Este documento ocupará un lugar destacado, y tú te encargarás de traer al forense para que lo confirme todo.
«No hay ningún problema», dijo Hilton, asintiendo. «Con esto, la crisis está resuelta».
Kayla escuchaba incrédula. Era la primera vez que comprendía de verdad que Jeremy no se estaba quedando de brazos cruzados. Ya estaba buscando formas de proteger la reputación de la empresa. North Investment saldría indemne del escándalo.
Hilton se demoró en pronunciar sus siguientes palabras, haciendo una pausa mientras su mirada se desviaba hacia Kayla. «Una cosa, sin embargo. Se rumorea que Archie planea presentar mañana el nuevo modelo de Newton Group. Han conseguido socios internacionales, así que su lanzamiento coincidirá con el vuestro. Prepárate para un auténtico enfrentamiento».
Las sombras se reflejaron en el rostro de Kayla. No se había olvidado del gran evento de Newton Group. Archie le había dicho que tenía que asistir y, dado su cargo al frente del proyecto, faltar no era una opción.
Se aveciaban problemas entre las dos empresas, y no podía ignorar la tensión que generaría el anuncio de Archie.
Una mirada cautelosa a Jeremy le proporcionó un pequeño alivio. Él no había dirigido su atención —ni su frustración— hacia ella.
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