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Capítulo 279:
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Zoe bajó la cabeza, con voz tensa. «Por supuesto, no me atrevería a cuestionarte».
Kayla esbozó una leve sonrisa cómplice mientras continuaba: «Sinceramente, probablemente sea mejor que me vaya. Está claro que alguien aquí se siente incómodo conmigo. Hoy me ha tirado leche. ¿Quién sabe qué vendrá después?».
La mirada de Jeremy se posó en el pelo despeinado y la ropa manchada de Kayla. Apretó la mandíbula al atar cabos. Volviéndose hacia Zoe, su mirada se endureció, aguda e inflexible.
«Ella me provocó primero», murmuró Zoe, encogiéndose bajo su mirada.
Su respuesta fue seca y gélida. «Kayla se queda. Y punto. Si quieres crear problemas, no vuelvas por aquí».
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Zoe miró a Kayla con un resentimiento ardiente, como si Kayla le hubiera arrebatado de alguna manera la vida que se merecía. Kayla le lanzó una sonrisa helada. Si Zoe quería buscar pelea, pronto descubriría lo despiadada que podía ser su oponente.
Tras salir furiosa del comedor, Zoe, aún echando humo, sacó su teléfono y siseó al auricular: «Papá, ¿esa anciana del hospital? Sácala de ahí ahora mismo».
Kayla escapó de la atmósfera asfixiante de la vigilancia de Jeremy, aprovechando la primera excusa plausible para escabullirse aquella tarde. Sentada en el asiento trasero del coche, contemplaba con la mirada perdida el borrón del tráfico y las luces de la ciudad más allá de la ventanilla, con los pensamientos vagando en una neblina de incertidumbre.
Desde el asiento delantero, el conductor la miró por el espejo. «¿Adónde?».
Apartó la mirada de la ventanilla, con la voz apenas por encima de un susurro. «Newton Group».
Se aferró a la esperanza de que el trabajo pudiera ahogar la implacable agitación que se arremolinaba en su pecho.
Sin embargo, antes de que el coche llegara siquiera al edificio de Newton Group, su teléfono vibró: una llamada urgente del hospital.
Al otro lado, la voz de la enfermera temblaba de pánico. «Sra. Cooper, hay gente aquí intentando llevarse a Marsha a la fuerza. ¡Por favor, tiene que venir inmediatamente!».
Kayla apretó con fuerza el teléfono, sintiendo cómo el pánico se le acumulaba en el estómago. «Da la vuelta, llévame al hospital, ¡ya!», ordenó, con un tono de urgencia.
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