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Capítulo 435:
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Thea frunció el ceño y miró a Noel con indiferencia. «El arte no es lo mío. No me interesa».
Se dio la vuelta e intentó dirigirse hacia la salida.
Noel no tardó en seguirla, colocándose a su lado y mostrándole el móvil. «Solo échale un vistazo rápido. Quizá cambies de opinión cuando lo veas».
A decir verdad, lo único que Thea deseaba era ignorarlo por completo.
Pero las puertas principales estaban bloqueadas por una multitud de invitados, y los flashes de las cámaras no dejaban de dispararse mientras los periodistas los rodeaban. Marcharse iba a ser más difícil de lo que pensaba.
Con un suspiro silencioso, bajó la mirada hacia el móvil.
Sus pasos se detuvieron en seco cuando sus ojos se posaron en la pantalla.
Había una foto de un cuadro que la miraba fijamente.
El lienzo mostraba un denso grupo de rosales rojos en flor. Detrás de ellos, una pequeña casa de madera se acurrucaba entre la vegetación. Dos sillas de mimbre se enfrentaban en el porche, y un fino hilo de vapor se elevaba en espirales desde una tetera colocada sobre la mesa que había entre ellas.
En la esquina inferior derecha, tres diminutas figuras aparecían acurrucadas juntas.
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A Thea se le cortó la respiración. Reconoció aquella escena al instante.
Era de la antigua casa de sus abuelos.
En el cuadro, la casa tenía exactamente el mismo aspecto que hacía dos años. Ahora, la casa había quedado reducida a cenizas por un devastador incendio.
Esas rosas rojas las había plantado Layne para ella, y aquella casa era donde había crecido con sus abuelos. Las sillas de mimbre eran donde solían sentarse sus abuelos. Esas tres diminutas figuras tenían que ser ella y sus abuelos.
Un profundo dolor se apoderó del pecho de Thea mientras contemplaba el cuadro, con los recuerdos del pasado revoloteando en su mente.
Nunca había imaginado que Noel inmortalizaría un fragmento de su antigua vida sobre un lienzo.
Pero todo lo que aparecía allí —excepto ella— ya había desaparecido.
Aunque el cuadro no mostrara sus rostros, Thea se sentía atraída por él.
Era una pieza única de su pasado, un recuerdo que realmente podía tener en sus manos.
Ese lienzo era más que simple pintura. Era su familia, tal y como había sido en su día.
«Si de verdad lo quieres, quédate a mi lado durante el evento. Lucas no tiene forma de participar en la subasta, » —dijo Noel—. «Si te quedas como mi acompañante, puedo llevarte a la subasta, y además…»
Se inclinó hacia ella y le susurró al oído: «También te ayudaré a conseguir el cuadro».
A continuación, le guiñó un ojo. «Señorita Dawson, piénselo. Lo único que le pido es que me acompañe a este evento, nada más».
Thea se mordió el labio mientras volvía a fijar la vista en la foto de su móvil.
Tras respirar hondo, finalmente dijo: «De acuerdo, lo haré».
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