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Capítulo 998:
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Cuando el silencio se disipó, tenía los ojos húmedos. Había esperado tanto tiempo para oírla decirlo… y ella lo había dicho tan en voz baja, con tanta naturalidad, como si siempre hubiera estado ahí.
Se recompuso y preguntó con cautela, en voz baja: «Gabriela, ¿cómo me acabas de llamar? ¿Lo he oído bien?».
«Papá», repitió ella, sin vacilar ahora que la barrera había caído. «Gracias».
Matthew no podía hablar. Se le había cerrado la garganta por completo.
«Iré a verte cuando pueda y hablaremos de los detalles como es debido», dijo Gabriela con dulzura, y colgó.
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Matthew se quedó sentado en silencio durante un largo rato, y luego dejó que las lágrimas cayeran.
Alanna… nuestra hija por fin me ha aceptado. A partir de ahora, cuidaré de ella. Haré lo que debería haber hecho desde el principio.
Beverley se fijó en sus ojos enrojecidos y le preguntó con discreta preocupación: «¿Qué te ha dicho?».
—Gabriela ha aceptado volver a Everglow —dijo Matthew, con la voz quebrada por la emoción—. Voy a organizar un gran banquete; quiero que todo el mundo sepa que es mi hija.
Beverley se alegró, pero un ligero fruncimiento de ceño se dibujó en su rostro. —Debes manejar esto con cuidado y tener en cuenta los sentimientos de Rebecca.
Rebecca había estado trabajando muy duro últimamente, transformándose poco a poco de la joven mimada que antes solo pensaba en sus propios placeres. Y Beverley aún sentía una culpa secreta por la anulación del compromiso de Rebecca con Wesley.
El entusiasmo de Matthew se moderó ligeramente, pero su determinación no se ablandó del todo. «Madre, hablaré con Rebecca yo mismo».
Beverley asintió. «Las dos son tus hijas. Trátalas a ambas con justicia».
Una vez terminada la conversación con Beverley, Matthew se puso a organizar el banquete sin demora.
Tras colgar, Gabriela se cambió y condujo hasta la finca de Presley.
Los diseños se habían ultimado el día anterior y quería revisarlos una última vez antes de enviarlos al extranjero.
Presley la miró y se fijó inmediatamente en las ojeras. «¿No has dormido bien? ¿Te preocupa que la princesa no quede satisfecha?».
«No», respondió Gabriela.
Dudó un momento y luego le contó a Presley su decisión de volver con la familia Howard.
No había sido una decisión fácil. Su vida actual era estable: los beneficios de su empresa aumentaban de forma constante y su reputación como diseñadora crecía año tras año. Si seguía por ese camino, trabajando con disciplina y concentración, su futuro estaría asegurado y sería satisfactorio. Pero volver con la familia Howard significaba adentrarse de nuevo en un mundo de intrigas y rivalidades, enfrentándose a adversarios mucho más formidables de lo que jamás había sido la casa de su tía.
Presley escuchó en silencio y luego posó una mano suave sobre la cabeza de Gabriela.
—Toma tu propia decisión. Pase lo que pase, tu mentora siempre estará a tu lado.
Las palabras eran suaves, pero transmitían una firmeza que tranquilizó algo en el pecho de Gabriela. Sus ojos se humedecieron un poco sin que ella lo quisiera.
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