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Capítulo 985:
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No podía soportar ver sufrir a su hija de nuevo. Cualquiera que le causara dolor lo pagaría.
Con el apoyo de sus padres, Susie comenzó poco a poco a recuperar la compostura.
Pero justo cuando su ánimo empezaba a mejorar, se enteró del próximo matrimonio de Neville, y su mundo se derrumbó de nuevo.
Esa noticia había destrozado su frágil paz.
Wyatt temblaba de furia cada vez que ese pensamiento cruzaba por su mente.
Mientras su hija luchaba, la familia Pierce continuaba su ascenso meteórico.
Había llegado a su límite. Esta vez, no se quedaría de brazos cruzados.
Por el bien de Susie, estaba dispuesto a actuar.
Siguiendo las órdenes de Wyatt, el joven que estaba a su lado levantó la mano y gritó
«Treinta y cinco millones».
La expresión de Bertha se ensombreció.
Dudó, con la incertidumbre reflejada en sus ojos.
Estaba segura de que ganarían las joyas talladas, pero treinta y cinco millones era lo máximo que la familia Pierce podía ofrecer en ese momento.
El subastador repitió:
«Treinta y cinco millones. ¿Alguien desea aumentar la puja?».
Amya se volvió hacia Bertha en busca de orientación.
«Mamá, ¿qué hacemos?».
Bertha apretó los dientes e hizo un gesto a Amya para que subiera la puja.
Cuando el subastador levantó el martillo, Amya gritó:
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«¡Treinta y seis millones!».
Se hizo el silencio en la sala.
El subastador repitió con entusiasmo:
«¡Treinta y seis millones! ¿Alguna otra puja?».
El hombre que había pujado antes permaneció inmóvil. La voz de Wyatt resonó en el auricular con un tono de satisfacción.
«No hay necesidad de continuar», dijo con calma.
El joven se levantó y salió silenciosamente de la sala de subastas.
El subastador golpeó el martillo con firmeza.
«¡Vendido!».
Un cálido aplauso llenó la sala.
Bertha y Amya intercambiaron miradas y dejaron escapar un suspiro de alivio al unísono.
A pesar del elevado precio, Bertha había conseguido la joya tallada que tanto deseaba.
Se giró para ver quién había sido su oponente, pero el asiento ya estaba vacío.
Su rostro se ensombreció por la frustración al considerar la situación.
Una vez concluida la subasta, Amya ayudó a Bertha a dirigirse hacia la salida.
«El conductor ha llamado. Está atrapado en el tráfico. Tendremos que esperar un rato», le informó Amya.
Bertha asintió con la cabeza.
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