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Capítulo 433:
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Los ojos de Matthew ardían con una determinación gélida mientras respondía: «No es suficiente».
El dinero era algo que Stevie podía recuperar. Perderlo no tenía importancia para él.
Lo que Matthew quería era que Stevie soportara el mismo nivel de dolor y sufrimiento que había pasado Stella.
«No perdones a Stevie», ordenó Matthew, con voz gélida y mirada letal. Cada palabra que pronunciaba estaba cargada de determinación y rabia.
Poco después de que Matthew se marchara, una enfermera se acercó para ponerle a Stella una vía intravenosa.
Sin embargo, como el líquido de la bolsa intravenosa estaba casi vacío, Matthew aún no había regresado.
Stella extendió la mano y pulsó el botón de llamada a la enfermera para indicar que necesitaba una nueva bolsa intravenosa.
El tiempo pasaba, pero ninguna enfermera apareció para ayudarla.
Stella frunció el ceño mientras observaba cómo el gotero intravenoso disminuía constantemente, y una ola de ansiedad la invadió.
¿Era posible que la enfermera no hubiera oído su llamada?
Justo cuando estaba a punto de pulsar el botón una vez más, la puerta se abrió de golpe.
Stella levantó la vista y se encontró con una enfermera cuyo rostro estaba casi completamente oculto por una mascarilla, dejando solo sus ojos visibles.
A pesar de ello, Stella sintió una extraña familiaridad en ella. Frunciendo el ceño en señal de concentración, Stella bajó la mirada hacia la etiqueta con el nombre que llevaba la enfermera en el bolsillo.
Mina Hughes.
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Un destello de reconocimiento cruzó su mente; había visto a esta enfermera antes. Con una sonrisa que denotaba cierta cortesía, Stella decidió iniciar una conversación. «Mina, ¿trabajas en este hospital?».
La mirada de Mina se clavó en Stella, frunciendo las cejas con evidente molestia.
Ignorando la pregunta de Stella, respondió secamente: «¿Por qué has pulsado el botón?».
Aunque a Stella le pareció bastante desagradable el tono de Mina, lo achacó al estrés de su trabajo y decidió no tomárselo como algo personal.
Respuesta educadamente: «El gotero está casi vacío».
Mina miró brevemente la bolsa del gotero antes de acercarse. Agarró la mano de Stella y, con la otra mano, le sacó bruscamente la aguja del gotero.
«¡Ay!».
Stella no pudo evitar gritar, y el dolor repentino le hizo retirar instintivamente la mano.
Mina le lanzó a Stella una mirada fría y despectiva. «Seductora», murmuró entre dientes.
Sin decir nada más, agarró la bolsa de suero, dispuesta a salir de la habitación.
Stella, a pesar del dolor, extendió la mano para intentar detenerla. Pero, al intensificarse el dolor, se vio obligada a retirar la mano.
Apretando los dientes contra el dolor, gritó: «Mina, por favor, espera».
Mina se detuvo en seco, aunque de mala gana, y se volvió hacia Stella una vez más. Su voz estaba llena de hostilidad cuando preguntó: «¿Qué más quieres?».
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