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Capítulo 973:
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—Kaelyn —dijo de repente, con voz firme pero teñida de una tranquila curiosidad—, ¿por qué no tocas algo tú misma?
Su cuerpo se tensó. Entonces, como una marioneta moviendo los hilos, dejó que las lágrimas brotaran de sus ojos. —Ni siquiera recuerdo lo básico.
—Me cuesta creerlo —respondió Landen, inflexible. «Con tu habilidad, tocar el piano debería ser como respirar».
«¡Landen!», interrumpió Rodger con el ceño fruncido. «Kaelyn necesita descansar ahora. No la presiones».
Chloe aprovechó el momento como un salvavidas y se refugió detrás del hombro de Rodger. Sus dedos se aferraron a su manga, temblando como hojas de otoño en una ráfaga de viento. «Rodger, tengo miedo. He perdido tanto…. Tú eres el único que me resulta familiar. Este lugar, esta gente… todo me resulta extraño».
Rodger sintió un nudo en el corazón. La envolvió en un abrazo protector. «No pasa nada, Kaelyn. Son tu familia. Estás a salvo. No dejes que tus pensamientos se descontrolen».
Le acarició la espalda con suavidad, sin darse cuenta de la sonrisa de victoria que se dibujó en el rostro de ella, oculto en su hombro.
Landen estaba de pie junto al piano, con la mirada fría como el hielo bajo la luz de la luna. Verlos juntos no hizo más que reforzar la inquietud que sentía en su interior.
Aunque en otro tiempo había sido su marido y ahora era técnicamente un extraño, un instinto profundo le advertía que aquella mujer no era Kaelyn. No, era alguien que interpretaba su papel a la perfección.
La luz plateada de la luna se filtraba por las altas ventanas, proyectando barras fantasmales sobre las teclas negras y marfil. El piano, el querido instrumento de Kaelyn, permanecía mudo en un rincón, más una lápida que un piano.
La noche se había vuelto densa y oscura, como si se hubiera derramado tinta sobre el cielo. El Rolls-Royce Phantom se deslizaba por el bulevar, con los letreros de neón difuminándose como estrellas moribundas.
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Chloe se acurrucó en el lujoso asiento del coche, agarrándose a la manga de Rodger como si fuera un salvavidas en una tormenta.
—Rodger… —Su voz temblaba, llena de vulnerabilidad—. He oído que Landen es… mi exmarido. Nuestro divorcio fue complicado. ¿Crees que todavía me guarda rencor? Sus ojos… siento como si me quemaran con su frialdad.
Rodger se volvió hacia ella, la luz de la luna pintando sombras cambiantes en su rostro. Su mirada brillaba con lágrimas contenidas, frágil y luminosa, como cristal a punto de romperse. Se le encogió el pecho. Extendió la mano y le acarició la mejilla.
«No le des vueltas. Solo está preocupado».
«Pero no quiero volver a verlo…». Chloe enterró el rostro en el pecho de Rodger, empapando con sus lágrimas la fina tela de su traje a medida. «Cada vez que me mira, siento que voy a romperme…».
Sus hombros temblaban, delicados como pétalos atrapados en una tormenta. Un solo toque y podría desaparecer.
Rodger la atrajo hacia él, rodeándola con sus brazos como si fueran un escudo.
El débil aroma de su perfume llegó a su nariz, una dulzura empalagosa que Kaelyn habría detestado, un detalle que inquietó momentáneamente a Rodger.
Pero sus sollozos lo devolvieron a la realidad, disipando sus dudas.
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