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Capítulo 899:
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La esperanza se encendió en la mirada de Rodger, quemando las sombras de la desesperación.
«Debes llevarnos allí. Ella debe estar esperando».
Rupert asintió con un suspiro cansado. «Haré todo lo posible. Pero el paso del tiempo nubla incluso los recuerdos más vívidos. No puedo prometer nada».
El barco cambió de rumbo bajo el experimentado mando de Rupert. Se colocó en la proa, entrecerrando los ojos para protegerse del resplandor, esforzándose por reconocer algo, cualquier cosa, en la infinita extensión azul que tenían ante ellos. De vez en cuando, hacía una mueca y negaba con la cabeza, lo que provocaba que la tripulación contuviera la respiración en tensa expectación.
Para ampliar el radio de búsqueda, Rodger desplegó un dron para explorar las aguas que tenían delante. El tiempo pasaba minuto a minuto. El dron seguía enviando imágenes, pero aún no había señales de la misteriosa isla. La derrota comenzó a reflejarse en sus rostros curtidos.
Justo cuando las últimas brasas de esperanza amenazaban con extinguirse, la voz del operador del dron rompió el silencio.
«¡Mirad! ¡Hay un punto negro!».
Rodger corrió a su lado, con la mirada…
Al instante, los ojos de Rodger se fijaron en la pantalla y brillaron con renovada determinación. Efectivamente, apenas visible en la distancia, una pequeña mancha de ébano se había materializado en el monitor.
«¡Dirígete hacia allí! ¡Ahora!», ordenó.
El barco se lanzó hacia adelante, surcando las olas en persecución de la marca lejana. A medida que se acercaban, una isla aislada se materializó gradualmente desde la bruma del horizonte.
El corazón de Rodger latía con fuerza contra sus costillas mientras miraba fijamente, sin pestañear, las imágenes en directo del dron. Entonces lo vio: ramas dispuestas deliberadamente para formar las letras «SOS» en la orilla arenosa. La alegría brotó en su pecho como un incendio forestal.
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«¡Es eso!», gritó, con la voz quebrada por la emoción. «¡Kaelyn debe de estar allí!». El agotamiento de la tripulación desapareció al instante, sustituido por una expectación eléctrica.
Mientras tanto, en la orilla de la isla, Kaelyn también había avistado la embarcación que se acercaba. Era el primer barco que atravesaba su mundo aislado desde que quedara abandonada, y la esperanza se encendió en sus ojos como un faro. La euforia se apoderó de ella mientras corría hacia la orilla. Su voz, desgarrada por días interminables de llamadas desesperadas, ya no significaba nada. Lo único que importaba era asegurarse de que los ocupantes del barco la vieran.
Desde su posición privilegiada en la proa del barco, Rodger barrió ansiosamente la costa con sus prismáticos. Sin previo aviso, la querida silueta se cristalizó en sus lentes: Kaelyn corriendo por la arena. Sus ojos se llenaron de emoción, sus dedos apretaron los prismáticos con intensidad, como si aflojar el agarre pudiera hacer que ella desapareciera como un espejismo.
«Kaelyn, eres tú de verdad», susurró con los labios temblorosos. «Por fin te he encontrado».
Kaelyn agitaba los brazos en el aire mientras gritaba hasta quedarse ronca, aterrorizada por la posibilidad de que el barco pasara de largo y su única oportunidad de salvación se esfumara. La alegría y la emoción inundaron su corazón, disipando los días de miedo y desesperación acumulados bajo la promesa del reencuentro.
Cuando por fin distinguió la figura que se encontraba en la proa, se detuvo en seco, clavada en la arena por la incredulidad.
La distancia entre ellos se reducía con cada momento que pasaba, hasta que sus rasgos se hicieron inconfundibles el uno para el otro. Kaelyn miró a Rodger a través de un velo de lágrimas que corrían sin control por sus mejillas manchadas de sal.
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