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Capítulo 882:
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En una curva cerca del muelle, varias figuras esperaban de pie. Eran altos, de hombros anchos y desprendían una aura amenazante. Cuando la camioneta se acercó, se acercaron con cautela y la rodearon con cuidado.
Rodger detuvo el vehículo y salió lentamente.
Sus ojos eran fríos como el hielo, inquebrantables mientras los miraba. «He traído el dinero. ¿Dónde está el rehén?».
«Primero veremos el dinero», dijo uno de ellos con voz monótona y ojos brillantes de codicia.
Rodger se dirigió a la parte trasera y abrió la puerta del maletero. En el interior, montones de billetes, joyas relucientes y lingotes de oro pulido reflejaban la luz de la luna como cebos bajo un cristal.
Los hombres abrieron los ojos como platos y se quedaron sin aliento al contemplar la escena.
«Bueno, el dinero está todo aquí. Ahora entreguen al rehén», dijo Rodger con un tono grave y firme, aunque en sus ojos se vislumbraba una pizca de preocupación.
«Espera. Tenemos que asegurarnos de que el dinero no es falso», respondió otro, acercándose para inspeccionar el contenido.
Rodger asintió brevemente y se hizo a un lado, observándolos con atención, deseando en silencio que Kaelyn aguantara un poco más.
Rodger se quedó de pie al borde del muelle, con el rostro serio y la mirada fija en el camión repleto de dinero en efectivo y tesoros relucientes.
La puerta de la carga estaba abierta mientras varios secuestradores fornidos revisaban el botín con cuidado. Todos los hombres enmascarados llevaban capuchas negras, que solo dejaban ver sus ojos agudos e imperturbables.
Uno de ellos levantó un diamante grande y lo giró bajo la luz. Silbó en voz baja. «Este vale algo».
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Ante eso, otro secuestrador espetó con impaciencia: «Deja de dar vueltas y acaba de una vez. Envía la señal cuando hayas terminado».
Rodger cruzó los brazos con fuerza sobre el pecho. Aunque la ansiedad lo carcomía, mantuvo una expresión tranquila y firme.
Por la forma en que se movían, se notaba que no eran simples delincuentes: parecían saber exactamente lo que estaban haciendo.
Por fin, los secuestradores terminaron de revisar los objetos. El líder sacó un dispositivo de señalización del bolsillo, lo apuntó hacia arriba y pulsó un botón.
Una bengala se disparó hacia arriba, dejando un rastro brillante en la oscuridad.
Momentos después, un enorme buque de carga emergió de las sombras. Se alzaba imponente contra el cielo nocturno, como una enorme criatura escondida silenciosamente en la oscuridad.
A medida que se acercaba, se desplegó una rampa hacia el muelle y el camión subió a bordo sin decir palabra.
Una lancha rápida se separó del barco y se deslizó por el agua hacia Rodger. Se detuvo frente a él. El conductor le gritó: «Comisario Barnett, suba rápidamente».
Rodger respiró hondo y subió a bordo sin dudarlo, con pasos firmes y mirada severa.
La lancha rápida se lanzó hacia adelante, surcando las olas como una bala. El viento le azotaba la cara, echándole el pelo hacia atrás mientras el mar rugía a su alrededor.
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