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Capítulo 859:
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Unos momentos después, Rodger bajó las escaleras, recién arreglado y vestido con un atuendo refinado pero relajado. Había una nueva energía en él, como si finalmente se le hubiera quitado un peso de encima.
En el momento en que sus ojos encontraron a Kaelyn, sus rasgos se suavizaron.
«Vamos al estudio», dijo con suavidad, con un tono de alivio en la voz, como el de un hombre que por fin ha vuelto a casa.
Kaelyn asintió levemente con la cabeza y los dos se dirigieron juntos hacia el estudio.
Landen, de pie a un lado, vio cómo sus figuras desaparecían. Una pizca de tristeza pasó por sus ojos, como una nube pasajera. Cuando la puerta del estudio se cerró detrás de ellos, Kaelyn y Rodger se volvieron el uno hacia el otro y se fundieron en un profundo abrazo.
Las manos de Rodger recorrieron la curva de su espalda, atrayéndola hacia él como si intentara fundirla con su alma. Kaelyn rodeó su cuello con los brazos, inclinando la cara hacia arriba, y sus labios se encontraron en un beso que decía todo lo que las palabras nunca podrían expresar.
Era un beso nacido del anhelo y la supervivencia, de haber capeado tormentas y encontrado refugio el uno en el otro. Un beso que salvaba la distancia entre el desamor y la curación.
Sus respiraciones se mezclaron, sus corazones latían al unísono, como si el mundo exterior se hubiera detenido solo para ellos.
Después de un largo rato, se separaron lentamente, apoyando sus frentes el uno contra el otro.
Rodger colocó un mechón de pelo suelto detrás de la oreja de Kaelyn y le susurró con afecto: «Siento haberte hecho preocuparte durante todo esto».
Kaelyn parpadeó, sorprendida por su disculpa. «¿Por qué dices eso?», preguntó, con voz suave y confundida.
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Rodger le tomó la mano y la llevó al sofá. Se sentaron y, tras respirar lenta y profundamente, comenzó: «La verdad es que… mi detención y la investigación… todo formaba parte de un plan».
Kaelyn abrió mucho los ojos, con incredulidad reflejada en su rostro.
Al ver su reacción, Rodger le apretó la mano con más fuerza y continuó: «El ejército sabía desde hacía tiempo que alguien traficaba con armas y financiaba a grupos armados extranjeros. Pero la situación era delicada y muy secreta. Una investigación directa habría delatado nuestras intenciones».
Hizo una pausa y continuó: «Entonces Chloe intervino con sus falsas acusaciones. El momento fue… perfecto. El ejército aprovechó la ocasión y me utilizó como cebo para atraer al verdadero enemigo. Al final, descubrimos al traidor».
A medida que sus palabras calaban en ella, la tormenta interior de Kaelyn comenzó a calmarse lentamente. Exhaló y esbozó una suave sonrisa. «Estabas cumpliendo con tu deber. ¿Cómo podría culparte por eso? Lo único que importa es que estés sano y salvo».
Rodger la miró con una emoción tan profunda que las palabras no podían expresar. En ese momento, supo que Kaelyn no era solo alguien que lo amaba. Era alguien que lo entendía. En ese momento, sus corazones latían al unísono, más unidos que nunca.
Se acurrucaron juntos, corazón con corazón, intercambiando en silencio sus pensamientos y emociones, como si estuvieran recomponiendo un tapiz de recuerdos desgarrados por el tiempo. La luz dorada del sol se filtraba a través de las persianas en finas franjas, envolviéndolos en un silencio de suave calidez.
El tiempo pasó de puntillas y pronto el reloj dio las siete, hora de la cena de la familia Barnett, una celebración encubierta.
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