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Capítulo 856:
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«El juicio va a comenzar», anunció el juez, y su voz rompió el silencio de la sala como el repique de una campana en el aire en calma.
Esta vez, el juez pasó por alto los cargos anteriores y pasó directamente al más importante.
Un oficial militar de alto rango se levantó, se acercó al estrado y le entregó al juez una pila de documentos.
Con tono solemne, dijo: «Estos son los resultados de la inspección sorpresa realizada por el ejército durante los últimos tres días. El informe confirma que no se encontraron problemas con el armamento de las tropas bajo el mando de Rodger. Esto significa que nunca manipuló ni cambió las armas».
Una onda se propagó por la sala del tribunal como una ráfaga repentina sobre aguas tranquilas.
Se escucharon susurros entre los observadores, con caras de asombro.
El corazón de Kaelyn dio un salto. Apretó los puños inconscientemente, pero esta vez era la esperanza la que corría por sus venas.
A continuación, el auditor financiero del ejército se adelantó y entregó los registros fiscales de Rodger.
«Tras una investigación exhaustiva, no hemos encontrado indicios de soborno o malversación en el historial financiero de Rodger», declaró el auditor con voz clara y firme.
A continuación, se produjo una serie de conversaciones en voz baja entre el juez y el jurado. Un silencio ansioso se apoderó de la sala. Todos los oídos se tensaron ante el silencio, todos los ojos se fijaron en el estrado y todos contuvieron la respiración.
El corazón de Kaelyn latía con fuerza en su pecho. Sus manos se aferraron a la blusa, como si quisiera que su plegaria se elevara al aire.
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Landen se movía inquieto, incapaz de encontrar comodidad en su asiento. Sus ojos se fijaron en el juez y los demás funcionarios que presidían la sala, mientras gotas de sudor se acumulaban en su frente, brillando como pequeñas perlas.
Desde la audiencia anterior, Claire había permanecido bajo custodia temporal. Aunque había testificado contra Rodger, aún no había sido juzgada por sus propios actos, y su situación seguía en una zona gris.
Para esta sesión, permaneció en el estrado de los testigos, una figura ensombrecida con una reputación mancillada.
Mientras las voces de los oficiales militares resonaban en la sala del tribunal, el rostro de Claire se volvió ceniciento, como una vela que lucha por mantenerse encendida en el viento. Se mordió el labio, con un destello de miedo bailando en sus ojos.
Aunque durante mucho tiempo se había resistido a confesar, ahora sentía que la marea se volvía en su contra.
No muy lejos, Chloe estaba sentada rígida como una tabla, con las manos apretadas con fuerza alrededor de los reposabrazos y las venas hinchadas como cables tensos. Había rezado para que Rodger fuera condenado por tráfico de armas, pero ahora esa esperanza parecía escapársele de las manos como el agua. La amargura la quemaba por dentro y sus ojos rebosaban de resentimiento.
Por fin, las deliberaciones llegaron a su fin.
El juez carraspeó, tomó el mazo y lo golpeó con autoridad.
El resonante golpe del mazo atravesó la sala, atrayendo todas las miradas y silenciando todos los susurros.
«Se ha confirmado que las pruebas del ejército son válidas y corroboradas», declaró el juez, con voz clara que resonó en toda la sala.
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