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Capítulo 778:
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Las luces a su alrededor se difuminaron en una inquietante neblina, como si el mundo mismo hubiera comenzado a curvarse.
Kaelyn miró a Chloe, acunada en los brazos de Claire, y puso los ojos en blanco.
No tenía intención de hacer daño, pero allí estaban, pendientes de cada uno de sus movimientos.
Su mirada se posó en Rodger, quien, aunque visiblemente preocupado, no le devolvió la mirada.
Por un momento, Kaelyn se quedó paralizada.
Entonces se dio cuenta: Rodger le estaba pidiendo en silencio que ayudara a Chloe.
Kaelyn dudó. Aunque era médica, sabía que no podía intervenir en la situación actual.
Frunció los labios y retrocedió unos pasos en silencio.
Kaelyn no miró la reacción de Rodger.
Puede que él estuviera enfadado, decepcionado, pero Kaelyn no tenía intención de caer en esa trampa.
Todo había sido una jugada calculada y no se dejaría arrastrar por ella.
En medio de la confusión, Kaelyn oyó a Rodger pedir con calma a alguien que llamara a los servicios de emergencia.
Al poco tiempo, se oyó el sonido de una ambulancia que se acercaba y el personal médico entró corriendo para subir a Chloe a una camilla.
Rodger, como su acompañante, intercambió una breve mirada con Kaelyn antes de seguir a Chloe hasta la ambulancia.
Claire, aún mostrando preocupación, pero con un inconfundible destello de triunfo en los ojos, lo siguió.
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Kaelyn vio cómo se alejaba la ambulancia, con las sienes palpitando mientras los periodistas comenzaban a agolparse. Davion apareció a su lado y le rodeó los hombros con su fuerte brazo. «Señorita Gordon, salgamos de aquí», dijo, con una voz tranquila que era como un ancla en medio de la tormenta.
La mente de Kaelyn seguía enredada en la imagen de la ansiedad de Rodger por Chloe. Su expresión se desvaneció y sus pensamientos se nublaron con inquietud.
Al darse cuenta de lo atrapada que estaba en esa red, siguió rápidamente a Davion fuera del salón de banquetes.
El aire nocturno la golpeó con una frialdad cortante, el frío se le metió en los huesos mientras caminaba, temiendo los titulares que la esperaban al día siguiente. Ya podía imaginar cómo los medios de comunicación tergiversarían la verdad, arrastrándola aún más al torbellino del escándalo.
«Creo sinceramente en ti», la voz de Davion irrumpió en sus pensamientos cuando se detuvo y se volvió hacia ella, con sinceridad en los ojos. «Por todo lo que he visto, sé que eres una persona amable y valiente».
Kaelyn miró a Davion, esbozando una sonrisa de agradecimiento en su pálido rostro, moviendo los labios. Pero no sabía qué decir.
Su mente era un torbellino, tenía los nervios a flor de piel y estaba agotada por la presión constante.
«¿Qué tal si te invito a tomar algo? Quizá te ayude a relajarte», sugirió Davion con delicadeza, con preocupación reflejada en su rostro.
Kaelyn negó con la cabeza, con una voz apenas audible. «No… ahora mismo tengo la mente demasiado confusa».
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