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Capítulo 1101:
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Kaelyn contuvo el aliento y sus mejillas se sonrojaron como si una pequeña brasa hubiera encendido su corazón. Se quedó clavada en el sitio, perdida en la tranquila magia del momento.
—Señora Nelson, se le ha enfriado el té —le llamó la voz de la criada, devolviéndola al presente.
Sobresaltada, Kaelyn se giró y casi tira un jarrón que había en el alféizar. Buscó a tientas y se guardó la nota de reparación en el bolsillo, donde parecía vibrar con una extraña energía.
«Voy… al estudio a revisar algunas notas».
En la quietud del estudio, Kaelyn se apoyó contra la puerta, con el corazón aún acelerado. Desdobló el papelito y sus ojos siguieron la audaz caligrafía de Rodger: «¿Tienes curiosidad por tu pasado? Quedamos mañana a las 3 de la tarde en el Blue Mountain Café».
Una ola de duda la invadió, pero la mirada del reparador había sido tan firme, su tacto tan seguro. El leve aroma a madera de pino que desprendía había despertado en ella una alegría que no sabía definir, como un sueño medio olvidado.
Una imagen fugaz cruzó por su mente: alguien colocándole un abrigo sobre los hombros, con la tela desprendiendo el mismo calor de la madera de pino. «¿Dónde lo he visto antes?».
En su escritorio, los dedos de Kaelyn rozaron las fuertes letras de la nota. Su cabeza la instaba a contárselo a Javier, pero su corazón le susurraba que guardara el secreto.
Tras una larga pausa, Kaelyn guardó la nota en su diario favorito y lo cerró con suavidad. Una tranquila emoción brotó en su interior: ya estaba contando las horas que faltaban para el día siguiente.
Desde que sus recuerdos se desvanecieron, nadie había despertado en ella una curiosidad tan vívida.
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Sus mejillas se sonrojaron de nuevo y su pulso se aceleró.
De vuelta en su escondite temporal, Rodger encontró a Craig junto a la ventana, con el resplandor de un cigarrillo parpadeando en la penumbra. Craig arqueó las cejas, sorprendido. «¿Ya has vuelto? ¿Has solucionado el problema?».
«Kaelyn… no recuerda nada», dijo Rodger en voz baja, con la voz quebrada por la emoción. Se quitó la gorra y su cabello húmedo cayó en mechones desordenados sobre su frente.
La habitación quedó en silencio, el aire cargado de pensamientos tácitos.
Un destornillador se le resbaló a Dewitt de la mano y cayó con un ruido metálico al suelo.
La ceniza del cigarrillo de Craig cayó sobre la alfombra, inadvertida en medio del silencio.
—¿Lo ha olvidado todo? —La voz de Dewitt temblaba, buscando las palabras adecuadas.
—Me miró como si fuera un desconocido. —Rodger se acercó al mueble bar y se sirvió un vaso de whisky.
El líquido dorado captó la luz, reflejando las líneas tensas de su mandíbula. Lo bebió de un trago rápido, con la garganta apretada por la emoción. «Como si nunca nos hubiéramos conocido».
Craig apagó su cigarrillo, agudizando la mirada. «¿Es obra de Javier?».
«Probablemente», la mano de Rodger se tensó alrededor del vaso, palideciendo los nudillos. «Ahora es Arielle Nelson, en el Instituto de Investigación Jackson».
La mirada cautelosa de Kaelyn hacia la puerta permaneció en su mente. Llevaba desaparecida más de seis meses. Había imaginado innumerables escenarios para su reencuentro, pero nunca había pensado que ella lo miraría con tanta extrañeza.
«¿Y ahora qué?», preguntó Dewitt, rascándose la cabeza, con la voz cargada de frustración. «No podemos simplemente… traerla de vuelta, ¿verdad?».
Rodger negó con la cabeza, esbozando una sonrisa amarga. «Odia que la obliguen».
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