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Capítulo 1083:
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«¿Descansaste bien anoche, Arielle?», le preguntó con voz baja y tranquilizadora, como un arroyo en calma.
Kaelyn asintió levemente con la cabeza, estudiando sutilmente su perfil con la mirada.
Durante la cena de la noche anterior, él se había comportado como un perfecto caballero: le había apartado la silla, le había cortado el filete e incluso le había pedido su postre favorito sin ningún problema. Todo había sido perfecto.
Pero, a la tenue luz de las velas, ella había vislumbrado algo en sus ojos, un escalofrío fugaz, como una sombra que se desliza sobre aguas tranquilas, que le había hecho saltar el corazón.
—Javier —comenzó ella, mirándolo a los ojos—, ¿crees que debería volver al instituto de investigación?
El rostro de Javier se iluminó con una sonrisa amable, su interés era genuino. —Tu trabajo es muy importante. No deberías posponerlo por mucho tiempo.
Sus palabras transmitían entusiasmo, casi impaciencia. —He oído que tu equipo está causando sensación con esos fármacos dirigidos a genes específicos, ¿verdad?
Kaelyn parpadeó, sorprendida. Esperaba que él le pidiera que se quedara, como había hecho su familia, con palabras suaves y persuasivas. Pero él la animaba con entusiasmo. Aún más sorprendente era lo mucho que sabía sobre sus proyectos, hasta los últimos avances.
«Javier, parece que conoces mi trabajo al dedillo», dijo ella, con tono curioso pero cauteloso.
Javier se rió ligeramente y le quitó un pétalo perdido del hombro. «Me has contado tantas cosas antes que se me han quedado grabadas».
Su tacto era cálido y cuidadoso, pero a Kaelyn le pareció como un hilo invisible que la atraía hacia él, haciéndola querer retroceder.
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—Entonces, ¿quizás vuelva dentro de unos días? —se atrevió a decir, con el corazón latiéndole un poco más rápido.
Los ojos de Javier parecían especialmente profundos a la luz de la mañana, y él asintió ligeramente. —De acuerdo, iré contigo.
Kaelyn exhaló un suspiro de alivio. Su respuesta le pareció un poco extraña, pero al menos tendría espacio para aclarar sus confusos pensamientos lejos de su familia.
—Gracias —murmuró, con una tímida sonrisa en los labios.
Javier la miró, le acarició suavemente la cara con las manos y le rozó la mejilla con el pulgar. —Qué tonta. Haría cualquier cosa para verte feliz.
Su mirada tenía una calidez que parecía envolverla, pero debajo de ella, Kaelyn percibía algo más pesado, como una tormenta silenciosa que se gestaba bajo un cielo tranquilo. Bajó la mirada, ocultando la inquietud que se agitaba en su interior, y asintió levemente con la cabeza. La luz del sol los bañaba, sus sombras se alargaban y se entrelazaban, pero de alguna manera estaban divididas por un espacio invisible.
Esa noche, la residencia Shaw brillaba bajo la suave luz de una lámpara de cristal, la mesa del comedor cubierta con un delicado mantel de encaje y los cubiertos reluciendo a la luz de las velas.
«Arielle, ¿tienes que irte tan pronto?», preguntó Samantha, dejando con elegancia su copa de champán y mostrando en sus ojos la tristeza justa para parecer sincera.
«Aún te estás recuperando y apenas hemos tenido tiempo de estar juntas».
Kaelyn se sentó junto a Javier, trazando ligeramente con los dedos el borde de la servilleta. Miró a Samantha, cuya sonrisa pulida parecía un hermoso cuadro: impresionante, pero carente de calidez real.
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