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Capítulo 1031:
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«No estoy atrapado», dijo Sebastian, con una leve sonrisa en los labios. «Solo necesito un poco más de tiempo para recuperarme».
Giró el anillo, y el metal reflejó la luz del sol. «El trabajo me mantiene ocupado. Me ayuda a olvidar…»
No dijo nada más, pero Kaelyn lo entendió. Mientras se levantaba, le puso una mano en el hombro y notó que estaba tenso, duro como una piedra.
Le dio una palmadita suave, una promesa silenciosa de apoyo.
El departamento de diseño bullía de actividad. Cuando Kaelyn entró, se oyeron voces que la saludaban con calidez, como una ola de energía que la envolvía.
Se movió de escritorio en escritorio, ofreciendo palabras amables y bocetos rápidos para perfeccionar sus diseños.
Pauline se quedó al margen del grupo, agarrando una pila de borradores, con la mirada perdida de vez en cuando hacia la ventana.
A la hora del almuerzo, Kaelyn invitó a Pauline al jardín de la azotea, donde el aire era fresco y la ciudad se extendía a sus pies. El vestido amarillo pálido de Pauline brillaba bajo la luz del sol, aunque las tenues ojeras bajo sus ojos delataban noches de insomnio.
«¿Cómo va el nuevo proyecto?», le preguntó Kaelyn, entregándole un café con leche caliente.
El rostro de Pauline se iluminó. «¡Va muy bien!», dijo, abriendo su tableta. «Este diseño de comunidad ecológica… hemos utilizado tus ideas de la última vez y está tomando forma».
Kaelyn escuchó su animada charla durante diez minutos antes de interrumpirla con delicadeza. «Pauline», dijo en voz baja, «¿qué está pasando entre Craig y tú?».
La mano de Pauline se detuvo, sus ojos reflejaban la luz del sol mientras temblaban. Su voz se apagó.
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«Él dice que no puede quedarse en un solo lugar.
Me dijo que si quiero un futuro con él, tendré que dejar atrás el diseño. Pero el diseño es mi pasión y mi medio de vida», dijo Pauline en voz baja. «No puedo imaginarme alejándome de él». La taza de café tintineó contra la bandeja, un sonido agudo en el silencio. Kaelyn pensó en los ojos de Craig, siempre sonrientes, pero con un matiz que nunca había podido descifrar.
«Amas el diseño más que nada, ¿verdad?», preguntó Kaelyn con voz firme.
Pauline levantó la vista, con los ojos enrojecidos pero fieros, conteniendo las lágrimas. «Es como tu amor por la medicina», dijo, agarrándose el vestido. «No puedo imaginar una vida sin ello, ni siquiera por amor».
Kaelyn tomó la fría mano de Pauline y la apretó suavemente. «Estás eligiendo lo que más importa. Ese es el camino correcto».
Al caer la tarde, Kaelyn se quedó de pie frente al edificio Starbright, con su reflejo nítido en el cristal: pulida, profesional, a años luz de la mujer que una vez dedicó su vida a Landen.
Su teléfono vibró. El mensaje de Rodger brillaba en la pantalla: «¿Qué hay para cenar? Esta noche cocino yo».
Una sonrisa se dibujó en sus labios mientras respondía: «No te atrevas a tirar mi sopa otra vez».
Kaelyn guardó el teléfono y se puso en marcha con paso ligero. Pensó en Sebastian, que aún se estaba recuperando, y en Pauline, que protegía sus sueños. Y en sí misma: estaba agradecida por tener a Rodger, su compañero en este sinuoso camino. Se dio cuenta de que todos estaban encontrando su camino, paso a paso.
Sala de estar.
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