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Capítulo 857:
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Ryan estaba igual de perdido. «No tengo ni idea».
Danica lo estudió durante un momento y, de repente, algo pareció encajar. Sus ojos se agudizaron. «Espera… ¿cómo sabes todo esto?».
Ryan se quedó en silencio un instante, con la mirada fija en la mujer que tenía delante. «Porque yo también formo parte de WOLF», respondió con calma.
Todo el cuerpo de Danica se tensó. «¿Tú… formas parte de WOLF?».
Su mente se aceleró. Kristine estaba inconsciente y completamente indefensa. Si Ryan realmente pertenecía a esa organización, no había garantía de que no se volviera contra ellos en cualquier momento.
«¿Qué quieres?», preguntó con cautela.
Antes de que Ryan pudiera responder, Nathan intervino. «No tienes por qué estar tan nerviosa. Si quisiera hacerle daño a Kristine, no habría esperado hasta ahora».
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Ryan no dijo nada para contradecirlo.
Danica ladeó ligeramente la cabeza. «Entonces, ¿por qué la ayudas? ¿Te ha conquistado con su encanto?».
Ryan levantó la barbilla, volviendo la mirada hacia la situación que se desarrollaba fuera. «No es momento para eso. ¿No deberías estar pensando en cómo salir de aquí?».
Sus palabras la devolvieron a la realidad. El peligro que los rodeaba no se había movido ni un centímetro.
Se volvió hacia Nathan de inmediato. «¿Tienes un plan?».
Nathan negó con la cabeza, con expresión sombría. Con tantos vehículos acercándose desde todas las direcciones, todas las rutas parecían cortadas.
Danica exhaló bruscamente y volvió a mirar a Ryan. «¿Y tú? Estás con WOLF, debes de tener algo. Un plan B, una señal, lo que sea».
Ryan esbozó una sonrisa débil y forzada. La verdad era que su posición dentro de WOLF siempre había dependido de su hermana. Sin ella, tenía poca autoridad real. ¿Qué podía hacer aquí?
Entonces se le encendió la bombilla. El anillo. El que le había dado Rosetta.
Su pulso se aceleró. «Puede que haya una forma. Pero no sé si funcionará de verdad».
«¡Pues deja de dudar y cuéntanoslo!», instó Danica.
Ryan metió la mano en el bolsillo y sacó el anillo. Nathan y Danica lo miraron fijamente, confundidos.
Sin dar ninguna explicación, Ryan abrió la puerta del coche.
«¿Adónde vas?», preguntó Danica, alarmada.
Salió del coche, con el anillo en la mano, y respiró hondo lentamente. Por un momento, se giró y miró hacia el interior del coche. Su mirada se posó en Kristine, que seguía inconsciente. «Si todos salís con vida», dijo en voz baja, «¿podríais darle un mensaje de mi parte?».
Danica frunció el ceño. «¿Qué mensaje?».
«Dile a Kristine que espero que nos volvamos a ver».
Sin esperar su respuesta, Ryan se dio la vuelta y se alejó. No miró atrás en ningún momento.
En el momento en que salió del coche, los labios de Rosetta esbozaron una sonrisa de satisfacción. Así que su hermano por fin había madurado; ya no se dejaba llevar por las emociones ni los sentimientos.
Levantó el megáfono y dejó que su voz resonara en medio del tenso enfrentamiento. «¿Alguien más dispuesto a rendirse? Os daré una última oportunidad. Salid en cinco minutos, dejad a Kristine atrás y dejaré marchar al resto».
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