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Capítulo 47:
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Aún sin estar preparada para enfrentarse a la villa, Kristine le pidió a su conductor que la llevara a dar una vuelta tranquila por la ciudad, y no regresó hasta que el reloj dio las diez.
Supuso que Colton no estaría en casa, pero cuando entró, lo encontró esperándola en el salón, como si la estuviera esperando.
Por un breve instante, la escena hizo retroceder los años. Le vinieron a la mente recuerdos de todas aquellas tardes en las que había esperado a que Colton volviera a casa, solo para quedarse sola hasta la mañana siguiente. Siempre acababa resfriándose, ya que nunca se acordaba de taparse con una manta antes de quedarse dormida.
«Bienvenida», dijo Colton, con la mirada baja mientras sus dedos se movían por la tableta.
Con una camisa blanca impecable y unos pantalones a medida, conseguía parecer a la vez relajado e impecablemente arreglado. Aun así, Kristine no pudo pasar por alto el sutil tono de irritación en su voz. Siete años a su lado la habían hecho demasiado familiar con sus cambios de humor. En otros tiempos, habría hecho todo lo posible por animarlo cada vez que algo iba mal. Esos sentimientos se habían desvanecido: su mal humor ya no ejercía ningún poder sobre ella.
Sin decir palabra, Kristine se dirigió hacia las escaleras, ignorando por completo su presencia.
Desde donde estaba sentado, Colton vio cómo se alejaba decidida, y su rostro se ensombreció. —¡Kristine!
Ella siguió subiendo sin mirar atrás.
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Frustrado, se puso en pie de un salto y fue tras ella, agarrándola de la muñeca antes de que llegara arriba. —Te estoy hablando. ¿Por qué me ignoras?
Kristine miró con frialdad la mano que le agarraba el brazo. —Si estás decidido a retenerme aquí, tendrás que dejarme en paz. De lo contrario, no tengo ningún problema en saltar desde el segundo piso.
La mirada de Colton se posó en la tenue cicatriz de su frente. Instintivamente, apretó con más fuerza. —Sabes que nunca he creído en las amenazas vacías —dijo con voz de acero.
Con un giro lento, Kristine le miró a los ojos y le dedicó una sonrisa deslumbrante, teñida de tristeza y de un silencioso desafío. Sabía exactamente lo que estaba haciendo.
«Precisamente por eso quiero que esto termine».
Colton frunció profundamente el ceño, reconociendo la inquebrantable determinación en su expresión. «Dime qué hace falta para que hables conmigo con sinceridad. Si lo que quieres es casarte, lo haré oficial ahora mismo».
Kristine liberó su brazo de un tirón. «¿De verdad crees que lo que me importa es un certificado de matrimonio? Si eso es todo lo que entiendes, entonces no nos queda nada más que decir».
En el fondo, Colton sabía que su dolor era mucho más profundo que cualquier papeleo. Pero eso era todo lo que podía ofrecer. En cuatro años, nunca la había consolado ni una sola vez, y ahora no sabía qué hacer.
Tirando de su cuello, lo intentó de nuevo, con la paciencia agotándose. «Kristine, lo admito: antes te descuidé. Pero a partir de ahora…»
«No hay un ahora», dijo ella, tranquila y tajante.
A Colton se le hizo un nudo en la garganta. La miró mientras el recuerdo del restaurante se reproducía en su mente: los celos que había reprimido toda la noche, desbordando ahora el último vestigio de su autocontrol.
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