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Capítulo 79:
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Alex se quedó pensativo mientras procesaba sus palabras. Tras una breve pausa, preguntó: «¿Qué proyecto tienes en mente?».
«Hay una marca de moda que está apostando por los estilos clásicos», respondió Sadie, con un destello de entusiasmo en su tono a pesar de las circunstancias. «Encaja perfectamente con mis habilidades como diseñadora. He estado intentando contactar con ellos, pero me está costando mucho abrirme camino».
Alex arqueó una ceja, con un tono de curiosidad en la voz. —¿Cuál?
—El Grupo Maple —respondió Sadie, en un susurro, como si le estuviera confiando un secreto—. El apellido del director general es Domínguez. ¿Te suena?
Una sonrisa pícara se dibujó lentamente en el rostro de Alex, y sus ojos se iluminaron—. Deberías haber empezado por ahí. Nuestras familias son amigas desde hace generaciones. Considéralo hecho.
Una chispa de emoción bailó en los ojos de Sadie, encendiéndolos con esperanza. —¿En serio? ¡Ayúdame a conseguir ese proyecto y te invitaré a cenar al mejor restaurante de la ciudad!
La risa de Alex resonó en la habitación, cálida y contagiosa, realzando sus ya llamativos rasgos.
—¡Es una promesa! —declaró—. En cuanto te recuperes, yo mismo concertaré una reunión con el Sr. Domínguez.
Sadie se animó y un suave rubor tiñó sus pálidas mejillas. —¡Trato hecho!
Alex se acercó para pulsar el botón de llamada junto a la cama, indicando a la enfermera que se ocupara del gotero.
Mientras se levantaba para marcharse, su voz se suavizó, llena de ternura y sinceridad. —Descansa. Mañana volveré para hacerte compañía.
Una ola de calor invadió a Sadie, y su corazón se llenó de gratitud, aunque también se sintió abrumada por la idea de las molestias que le estaba causando a Alex.
—Es muy amable, pero de verdad, estaré bien sola —murmuró con delicadeza, rechazando la oferta.
La preocupación en los ojos de Alex se intensificó, reflejando una sincera compasión mientras la miraba. —Sadie, no te cierres a la amabilidad que te ofrecen los demás. Este mundo tiene su dureza, pero también hay mucha bondad. Déjate llevar y acéptala; te lo mereces».
Las palabras hicieron que los ojos de Sadie se llenaran de lágrimas.
Con una respiración rápida y temblorosa, bajó la mirada para ocultar su vulnerabilidad y logró asentir con la cabeza. Su voz, cargada de emoción, apenas susurró: «Está bien».
Tras la marcha de Alex, un pesado silencio volvió a apoderarse de la habitación.
Sadie sacó su tableta, pasó los dedos por la superficie y se sumergió en la elaboración de su presentación y el perfeccionamiento de sus documentos.
La próxima vez que viera a Roy, quería estar preparada, lo suficientemente impresionante como para conquistarlo.
El peso de su decisión de separarse de Noah pesaba mucho sobre Sadie, recordándole que, a partir de ahora, tenía que ser su propio ancla. En otro tiempo, una diseñadora vibrante y prometedora, había permitido que su talento se apagara a la sombra de Noah.
Pero eso estaba a punto de cambiar. Decidida, se prometió a sí misma que recuperaría el valor que una vez había otorgado a su propia persona.
Al día siguiente, cuando el sol del mediodía entraba con fuerza por la ventana, Sadie abrió los ojos. Aturdida y desorientada, entrecerró los ojos ante la luz brillante y vio una figura oscura que se cernía cerca. Suponiendo que era Alex, gritó: «Alex, ¿eres tú?».
Pero la respuesta llegó en un tono duro e iracundo que heló el aire. «Sadie, ¡mira bien quién soy!».
Sadie enfocó la vista y frunció el ceño con angustia al ver más claramente la figura que tenía delante.
Noah se erguía con su impecable traje a medida, con una presencia imponente y una expresión inflexible. Irradiaba confianza y poder, pero en su mirada brillaba el fuego del descontento.
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