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Capítulo 74:
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«¿Es grave?», preguntó con voz temblorosa, a pesar de sus esfuerzos por mantener la compostura.
Samuel lo miró con seriedad y respondió: «Las lesiones son bastante graves. Los médicos aún están evaluando su estado».
La inquietud se apoderó de Noah, que cogió su abrigo y salió corriendo de la oficina sin pensarlo dos veces.
«¡Prepara el coche!», gritó con voz severa en el silencio del pasillo, con la mente sumida en un torbellino de arrepentimiento y confusión.
¿En qué demonios estaba pensando al colgarle así? ¿Por qué había sido tan cruel?
Y si, Dios no lo quiera, le pasaba algo, ¿cómo podría perdonarse?
Un miedo desconocido, frío y sofocante, le oprimía el corazón. Samuel observó desde la puerta cómo Noah desaparecía por el pasillo.
Le resultaba dolorosamente evidente que, a pesar de las negativas de Noah, este sentía algo muy profundo por Sadie. Sin embargo, Noah era incapaz de ver lo que había en su propio corazón, atrapado en una mentira obstinada que se había construido a su alrededor. Samuel sacudió la cabeza con tristeza.
Si Sadie se marchaba de verdad, Noah se arrepentiría enormemente. Al volante, Noah condujo con precisión mecánica hasta el hospital de la ciudad, con el rostro impasible, como una máscara impenetrable.
Sin embargo, el sudor que se acumulaba en las palmas de las manos mientras agarraba el volante delataba el caos que se agitaba en su interior.
Mientras tanto, en la habitación del hospital, después de que Kyla se marchara, Sadie finalmente dejó que las lágrimas que había estado conteniendo cayeran.
Estaba destrozada, incapaz de comprender cómo Noah podía haberse vuelto tan insensible, deseándole la muerte a ella y a su hijo por nacer.
—Sadie… —Alex entró y sintió una punzada en el corazón al ver su sufrimiento.
Le ofreció un pañuelo con ternura, acariciándole la mano—. Hay más en la vida que este dolor. No estás atrapada por una sola decisión.
Sadie bajó la cabeza y de sus labios escapó una confesión débil y susurrante. —Ya no lo quiero. Solo quiero que este dolor en mi corazón desaparezca.
Alex dudó, con las palabras atascadas en la garganta. —Bueno…
Se calló, y el peso de sus pensamientos se manifestó en un profundo suspiro. Lentamente, extendió la mano y atrajo a Sadie hacia un tierno abrazo, acariciándole la espalda con un ritmo constante y reconfortante.
—Sadie, no hay necesidad de fingir que no estás sufriendo —murmuró con dulzura.
El calor de su abrazo pareció disolver las barreras que Sadie había construido alrededor de sus emociones, y las lágrimas cayeron en cascada por sus mejillas, cada gota más pesada que la anterior.
En ese momento de vulnerabilidad, la puerta de la habitación del hospital se abrió de golpe con un estruendo.
—¡Sadie! ¿Cómo estás? —La urgencia en la voz de Noah era palpable, sus palabras entremezcladas con un temblor que delataba su preocupación.
Atrapada en medio de sus lágrimas, Sadie se quedó paralizada, con los sollozos suspendidos.
El tono de Noah cambió de repente, la calidez se desvaneció y dejó paso a un escalofrío. «¿Qué demonios estás haciendo?», exigió, entrecerrando los ojos en una mirada gélida mientras recorría con la mirada el abrazo reconfortante de Alex a Sadie, fijándose en los brazos de Alex que la rodeaban.
Esa imagen golpeó a Noah como una espina, su mirada punzante por la traición y una rabia creciente que brotaba en su interior.
Alex soltó a Sadie y se volvió para enfrentarse a Noah.
A pesar de su estrecha amistad, la ira de Alex era palpable, alimentada por la ausencia de Noah cuando Sadie se enfrentó a sus momentos más oscuros. —¿Así que finalmente decidiste aparecer? —El tono de Alex era gélido, cada palabra rezumaba desprecio y acusaciones tácitas.
Con la rabia hirviendo en sus ojos, Noah avanzó hacia él, con pasos como los de un depredador que se acerca a su presa.
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