✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 140:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Sadie recogió sus pertenencias y salió de la oficina por última vez. Detrás de ella, Vivi la observaba con el rostro enrojecido por la frustración, pero se sentía impotente ante la digna salida de Sadie.
Al día siguiente, Sadie revisó dos veces su maleta, la cerró con la cremallera y se preparó para comenzar un nuevo capítulo. Averi estaba sentado en el sofá, abrazando su osito de peluche, con los ojos muy abiertos por la curiosidad.
Sadie le revolvió el pelo con ternura. —Averi, ¿estás listo? Nos vamos.
—¡Estoy listo, mami! —dijo Averi, saltando del sofá con su osito de peluche rebotando. Caminaron hacia la puerta, que sonó en ese momento.
Sadie abrió y se encontró a Alex. —¿Alex? ¿Qué haces aquí? ¿No se suponía que habías vuelto al país?
Alex entró y cogió la maleta de Sadie. «He venido a recogeros», dijo. Le revolvió el pelo a Averi. «Hola, Averi, ¿me has echado de menos?».
Averi se escondió tímidamente detrás de Sadie y asomó la cabeza para murmurar: «Hola, Alex». Conmovida por el gesto de Alex, Sadie sintió una cálida sensación.
Se dirigieron al coche negro que estaba aparcado fuera. Alex cargó el equipaje y les abrió la puerta.
En el camino, Averi preguntó: «Mamá, ¿adónde vamos?».
Sadie miró a los inocentes ojos de Averi y sonrió con ternura. «Vamos a ver a la querida abuela de mamá», respondió Sadie en voz baja.
«¿Cómo es?», preguntó Averi con los ojos brillantes.
«Es bondadosa y amable. Te contará historias y jugará contigo», explicó Sadie con voz tierna.
«¡Vaya, debe de ser maravillosa!», exclamó Averi aplaudiendo emocionado.
Alex, que observaba la alegría de Averi por el espejo retrovisor, sonrió. «Ya estamos en camino», dijo. «Ha mejorado y le dieron el alta ayer. Hay una cuidadora allí, así que no te preocupes».
Sadie se sintió aliviada al escuchar la noticia.
«Gracias a Dios», susurró, con una mezcla de emociones en su interior.
Habían pasado tres años y por fin volvía a ese lugar tan familiar, para ver a la persona a la que había echado de menos cada día y cada noche. Con los ojos cerrados, respiró profundamente, tratando de calmar su corazón acelerado.
Cuando el avión aterrizó, la oscuridad envolvió a Jazmah. Averi, somnoliento, apoyó la cabeza en el hombro de Sadie.
—Mamá, ¿ya hemos llegado? —preguntó con su dulce voz.
Sadie le besó suavemente en la frente. —Sí, cariño, ya estamos aquí.
Alex aparcó el coche frente a la residencia de profesores donde vivía Laura. Sacó el equipaje del maletero y abrió la puerta del coche. Sadie, con Averi en brazos, salió del coche. Su sombra, larga y esbelta, se alargaba bajo la tenue luz de la farola.
Alex llamó al timbre. La puerta se abrió enseguida y apareció una mujer de mediana edad, la cuidadora de Laura.
—Señor Howe, bienvenido —dijo con respeto.
Alex le respondió con un gesto de asentimiento y se volvió hacia Sadie. —Entremos.
Sadie respiró hondo, apretó la mano de Averi y cruzó la puerta.
La habitación de Laura, aunque pequeña, estaba meticulosamente ordenada. Allí, Laura descansaba en la cama, notablemente pálida. Se le llenaron los ojos de lágrimas al ver a Sadie.
«Sadie, querida, cuánto tiempo», dijo con voz temblorosa, extendiendo la mano para estrechar con fuerza la de Sadie.
Las mejillas de Sadie estaban surcadas por las lágrimas.
«Abuela…», logró decir, con la voz quebrada por la emoción. Habían pasado tres años desde la última vez que había visto a su querida familiar.
.
.
.