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Capítulo 139:
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Amy dejó la carta de renuncia sobre la mesa, juntó las manos y se inclinó hacia delante con expresión seria. «Sandra, conozco tu talento. Tienes un futuro prometedor aquí. ¿Por qué decides irte ahora?». La voz de Amy denotaba cierto pesar; realmente no quería perder a una diseñadora tan talentosa.
«Te lo agradezco, Amy. Estoy muy agradecida por toda la orientación y la confianza que me has brindado estos años». Los ojos de Sadie transmitían su profunda gratitud. Amy había sido más que una jefa; era una mentora y una amiga.
«Pero necesito emprender mi propio camino», añadió Sadie.
«¿En Helva? Claro, tú eres de Helva». Amy pensó por un momento antes de hacerle una oferta. «¿Qué te parece esto, Sandra? Nuestra empresa tiene una sucursal en Helva. Podría conseguirte un traslado allí como directora de diseño. El sueldo y las prestaciones serían al menos iguales a los de aquí. ¿Qué te parece?».
Sadie se quedó desconcertada por la propuesta de Amy. Tras un momento de silencio, negó con la cabeza.
«Gracias por la oferta, Amy, pero estoy decidida a crear mi propia marca». Su voz era firme, reflejando una decisión que había meditado cuidadosamente.
Al ver la determinación en los ojos de Sadie, Amy se dio cuenta de que cualquier intento de persuasión sería inútil. Suspiró, con una expresión teñida de pesar.
«Está bien, Sandra. Si estás segura, apoyo tu decisión. Pero recuerda que mi oferta sigue en pie». Amy cogió un bolígrafo y firmó la carta de dimisión.
«Espero que tengamos la oportunidad de volver a trabajar juntas en el futuro», dijo Amy, devolviendo la carta firmada a Sadie con voz sincera.
«Sin duda lo haremos, Amy». Sadie aceptó la carta de dimisión con una mirada de alivio y una sonrisa esperanzada.
Sadie salió de la oficina de la directora con la carta de renuncia firmada bien agarrada en la mano. Regresó a su escritorio y comenzó a recoger sus pertenencias, mientras sus compañeros se reunían a su alrededor con cara de tristeza por su marcha.
—Sandra, ¿de verdad te vas? —preguntó un joven diseñador con voz teñida de pesar.
—Bueno, ya no trabajaremos juntos —añadió otro compañero.
«¿Qué tal si te organizamos una fiesta de despedida?», sugirió alguien.
Sadie miró los rostros familiares que la rodeaban, conmovida por su calidez. Negó suavemente con la cabeza, rechazando la oferta con educación. «No hace falta. Os agradezco el detalle. Ya nos veremos en otra ocasión».
En ese momento, Vivi Quinn, otra diseñadora de Helva, se acercó con paso tranquilo, haciendo sonar sus tacones sobre el suelo. Una sutil sonrisa se dibujó en su rostro.
«Oh, Sandra, ¿te vas? Pensaba que te costaría más», dijo Vivi con voz sarcástica.
Sadie la miró a los ojos, con expresión serena y tranquila. Vivi siempre había visto a Sadie como una rival y disfrutaba de cualquier oportunidad para eclipsarla. Ahora que Sadie se marchaba, no pudo resistir la tentación de meterle un palo.
—Aunque te hayas hecho un nombre en Majestic Ego, no sobreestimes tus posibilidades —dijo Vivi, sin ocultar su desdén—. Lanzarse en solitario no es moco de pavo.
Sadie respondió con una sonrisa tranquila. —Cuando me haya ido, por fin conseguirás ese ascenso que tanto deseas. Enhorabuena.
Sus palabras aparentemente felicitatorias tocaron la fibra sensible de Vivi, que llevaba mucho tiempo envidiando la posición de Sadie, pero carecía de su talento. La expresión de Vivi se agrió y su réplica se ahogó mientras miraba a Sadie con frustración evidente en su rostro.
«No os encariñéis demasiado con ella. No la volveréis a ver», dijo Vivi.
Los compañeros intercambiaron miradas incómodas, divididos entre el pesar por la marcha de Sadie y la necesidad de mantener buenas relaciones con Vivi, su futura jefa. Uno a uno, se fueron alejando, dejando a Sadie sola para terminar de recoger.
A Sadie no le importó. Hacía tiempo que entendía las dinámicas de la política en el trabajo. Con una sonrisa sincera, le dijo a Vivi: «Te deseo mucho éxito».
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