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Capítulo 132:
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La paciencia de Noah se agotó. Clavó el pie en el pecho de Ryder con brutal fuerza, y el ruido sordo del impacto resonó en las paredes.
—¡Contéstame!
Ryder se dobló por la mitad, gimiendo de dolor y tosiendo más sangre, mientras su rostro se desvanecía del poco color que le quedaba.
«Prefiero morir antes que decírtelo», siseó con voz ronca. Su mirada se clavó en la de Noah, llena de un odio oscuro e implacable.
«Nunca serás amado», escupió Ryder, con palabras que parecían dagas envenenadas. «Igual que yo».
La maldición se clavó profundamente en el pecho de Noah, como una espina inesperada que le pinchó algo sensible y oculto en su interior. Frunció el ceño, sintiendo una oleada de irritación y algo más oscuro surgiendo bajo su apariencia serena.
—¿Qué rencor me guardas? —exigió Noah, con un gruñido sordo.
Los labios de Ryder se curvaron en una sonrisa amarga. Escupió dos palabras, cada sílaba rebosante de odio. —El Grupo Johnson.
Noah entrecerró los ojos.
—Hace años —continuó Ryder, con la voz rebosante de resentimiento—, el Grupo Johnson se vio envuelto en una guerra corporativa.
—Quebró —la voz de Ryder era áspera, cada palabra salía a través de los dientes apretados, saturada de odio puro y sin filtros—. Mis padres no pudieron soportar la presión. Se suicidaron. Todo esto, cada parte, es gracias a ti, Noah Wall.
Ryder había ocultado su verdadera identidad, dejando que su ira se enconara como una herida abierta. Y ahora había llegado su momento.
«Y en cuanto a tu mujer… Ya la maté». Su risa era gutural, como algo arrancado de las profundidades del infierno.
«¡Te lo mereces!», escupió, con la voz rebosante de veneno, cada palabra impregnada de una satisfacción que cortaba más que cualquier espada.
Noah sintió como si le hubieran arrancado el suelo bajo los pies. Las palabras de Ryder le golpearon como un trueno, resonando en su cráneo.
Sus pupilas se contrajeron bruscamente y una ola de miedo helado le invadió el pecho, sofocante e implacable.
Sin pensar, Noah se abalanzó hacia delante y agarró a Ryder por el cuello. Apretó con fuerza, hasta que sus nudillos se pusieron blancos, como si pudiera aplastarle los huesos con la pura rabia.
—¿Qué acabas de decir? —La voz de Noah temblaba, mezcla de incredulidad y furia—. Sadie… ¿ha muerto? —Apenas era un susurro, cada palabra era como un fragmento de cristal en su garganta, que se clavaba más profundamente con cada sílaba.
Ryder soltó una risa salvaje y gutural, cuyo sonido resonó en el aire como una melodía retorcida. Sus ojos brillaban con maliciosa satisfacción, saboreando la agonía de Noah como si fuera un premio que llevaba mucho tiempo esperando. Esa risa destrozó el frágil hilo de control que le quedaba a Noah.
Sin pensarlo, Noah lanzó un puñetazo que golpeó la cara de Ryder con una fuerza capaz de romperle los huesos.
El repugnante crujido del puñetazo fue seguido por un gemido sordo cuando Ryder se desplomó en el suelo, inconsciente.
La mano de Noah temblaba cuando lo soltó. Sus rodillas se doblaron y se hundió en el frío suelo. Sus ojos miraban fijamente a la nada, vacíos y vidriosos, como si le hubieran arrancado el alma del cuerpo, dejando solo un caparazón vacío.
Al mismo tiempo, los días de Kyla en la sala del hospital se alargaban en una lenta y tortuosa neblina. Llevaba la máscara de una paciente frágil, pero bajo la superficie, la ansiedad la carcomía como un parásito implacable. El miedo a que Ryder fuera capturado, a que lo delatara todo, se cernía sobre ella como una soga que se apretaba alrededor de su cuello. Era asfixiante. Finalmente, no pudo soportarlo más.
—Doctor —dijo con voz agotada—, necesito que me dé el alta.
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