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Capítulo 1169:
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Habían sobrevivido juntos a treinta y siete intentos de asesinato, lo que daba fe de su resistencia. En la implacable naturaleza salvaje de Frostlandia, Levi había bailado con la muerte en innumerables enfrentamientos peligrosos, saliendo cada vez con meras heridas. Pero ahora…
¿Cómo podía un hombre invencible ser vencido por una enfermedad?
No, rechazaba esa realidad con cada fibra de su ser.
—¡Quítate de en medio!
Kimberly perdió la compostura, y su preocupación se hizo evidente cuando los recuerdos del accidente de sus padres resurgieron brevemente en su mente. —¡Deténganla!
Casi al mismo tiempo, una voz grave gritó desde cerca: —¡Déjenla ir! Kimberly levantó la vista y vio a Lowe acercándose con un termo, con expresión severa pero controlada.
Los agentes la soltaron rápidamente cuando Lowe se colocó a su lado, con una mirada que reflejaba auténtica preocupación. —Kimberly, ¿estás bien?
Al observar cómo los agentes cedían ante la presencia de Lowe, una chispa de esperanza iluminó el rostro de Kimberly. Agarró la mano de Lowe con silenciosa urgencia.
—Lowe, sácame de aquí, por favor.
Al encontrarse con su mirada angustiada y suplicante, Lowe frunció ligeramente el ceño y le dirigió unas palabras tranquilizadoras que calmaron su agitación. —¿Qué pasa? ¿Adónde intentas ir?
Los ojos de Kimberly delataron una confusión de emociones. —Tengo que ir al hospital donde está Kenton.
Lowe, deduciendo que estaba preocupada por Kenton, se relajó visiblemente y su expresión se suavizó con un gesto tranquilizador. —No te preocupes. Kenton sigue en tratamiento y su estado es estable. He pedido que lo vigilen en el hospital, así que no tienes por qué preocuparte.
Kimberly dudó, consciente de los agentes que la vigilaban. Apartó a Lowe unos pasos y fijó la mirada en su rostro sereno.
—No te lo voy a ocultar. Voy al hospital a preguntar por Levi. Lleva días desaparecido y no consigo localizarlo. Temo que le haya pasado algo.
Dado que Lowe conocía bien su situación, debía de haber investigado a fondo sus antecedentes. Sin duda, sabía que Levi había sido su marido.
En cuanto pronunció el nombre de Levi, la expresión de Lowe cambió y sus ojos se oscurecieron con un disgusto evidente. —Así que vas a buscar a Levi, ¿verdad?
Kimberly asintió con seriedad, apretando la mano de Lowe con fuerza mientras sus ojos transmitían una súplica silenciosa. —Por favor, Lowe, ayúdame.
Era consciente de los sentimientos que Lowe sentía por ella, sentimientos que él mismo había revelado durante su visita ebria a la sala de interrogatorios. Sin embargo, en ese momento de urgencia, esas consideraciones tenían que pasar a un segundo plano. Su única preocupación era confirmar si los rumores sobre la grave enfermedad de Levi eran ciertos.
Los músculos faciales de Lowe se tensaron y su actitud se volvió cada vez más severa. Miró a Kimberly con una expresión teñida de incredulidad.
Según recordaba, era la primera vez que Kimberly le pedía ayuda, y además por otro hombre.
Ella había soportado las penurias del encarcelamiento, intentando por todos los medios comunicarse más allá de aquellos muros, pero nunca se le había ocurrido pedirle ayuda. Pero ahora…
—Dime, ¿es tan importante para ti? —Las palabras se le escaparon entre dientes, cada sílaba cargada de resentimiento. Sus continuas peticiones no hacían más que avivar la ira que se extendía por su pecho.
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