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Capítulo 1606:
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Sobre el escritorio frente a él había un libro grueso, con el título impreso en letras grandes y seguras: «Guía completa para padres».
Ocho meses después, Elena dio la bienvenida al mundo a dos bebés sanos.
La sala de partos estaba inquietantemente silenciosa. Aparte de la cadencia constante de las instrucciones del médico y el suave arrastrar de pies de las enfermeras que se movían por la sala, nada rompía el silencio. Elena lo soportó todo sin un solo grito.
Justo al otro lado de la puerta, Wesley esperaba inmóvil. Su rostro parecía tranquilo en apariencia, pero por dentro se agitaba una tormenta. Gerald, Laurence y la familia Harper también estaban allí.
Jolie apretaba los dedos con tanta fuerza que se le habían puesto pálidos. Estaba más nerviosa que la propia madre, y el silencio de Elena no hacía más que aumentar su preocupación.
La voz de Jolie temblaba cuando susurró: «¿Por qué hay tanto silencio? La gente siempre grita durante el parto, ¿por qué Elena no ha hecho ningún ruido?».
Alexander le puso una mano en el hombro, con suavidad pero con firmeza.
«Tranquila, Jolie. Elena es más fuerte que la mayoría. Estará bien».
Y Alexander tenía razón: Elena estaba bien. No había permanecido en silencio porque no sintiera dolor, sino porque no quería alarmar a las personas que esperaban ansiosas al otro lado de la puerta.
Unos momentos después, el médico apareció con una sonrisa y anunció el feliz nacimiento de los gemelos. Un suspiro de alivio colectivo recorrió el pasillo.
Louis le dio una palmadita en el hombro a Wesley.
—Lo has manejado con mucha calma. Yo estaba aquí fuera desmoronándome.
Wesley no respondió. Permaneció rígido, como si aún no hubiera vuelto en sí.
Louis parpadeó.
—Oye, ¿me estás escuchando? No empieces a actuar como si fueras tan guay solo porque Elena te adora… Espera, ¿adónde vas?
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Antes de que Louis pudiera terminar, Wesley ya se había dado la vuelta y había empezado a alejarse, con pasos rápidos y decididos.
Sin mirar atrás, la voz de Wesley sonó como un gruñido, con expresión sombría.
—Me voy a hacer una vasectomía. Y no hay más que hablar.
Wesley juró que no habría más hijos. Lo único que quería era a Elena, y saber que ella había sufrido, aunque fuera en silencio, le partía el corazón.
Louis se quedó allí, atónito. Menuda calma. Wesley no había estado nada sereno.
Estaba aterrorizado.
Sin siquiera ir primero a ver cómo estaban Elena y los bebés, Wesley bajó directamente las escaleras y firmó los papeles para la intervención.
Cuando regresó, el pasillo estaba vacío. Todos los demás ya se habían ido a casa.
Wesley se acercó en silencio a la cama de Elena. Le apartó unos mechones de pelo de la cara y le dio un suave beso en la frente.
«Lo has hecho muy bien, cariño», le susurró.
Bajó la cara hasta la curva de su cuello, con una voz apenas audible.
«No más hijos. Pasar por ese dolor una vez es más que suficiente».
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