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Capítulo 1598:
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«Sí», respondió Elena, con voz suave pero firme.
El ministro levantó las manos con solemne gravedad.
«Entonces, por la gracia de Dios, os declaro marido y mujer. Sr. Spencer, puede besar a la novia».
Aunque Wesley parecía sereno, la mano entrelazada con la de ella temblaba ligeramente. Al oír las palabras del ministro, unas lágrimas brillaron en sus ojos oscuros. Se inclinó, con su aliento cálido contra la piel de ella, y presionó sus labios contra los de ella.
Una sola lágrima se deslizó y cayó sobre la mejilla de Elena. Sorprendida, levantó la vista y vio un ligero enrojecimiento en los ojos de él. Su corazón se aceleró. ¿Por qué lloraba?
«Oye», susurró ella, secándole las lágrimas con la yema de los dedos.
«¿Por qué lloras?».
La voz de Wesley sonó áspera, cargada de emoción.
«Es solo que… estoy feliz».
Él la miró como si estuviera memorizando su rostro, con el amor ardiendo silenciosamente en su mirada, firme, profunda y lo suficientemente intensa como para desmoronarlo.
Elena nunca comprendería del todo la profundidad de su amor por ella, cómo su intensidad le asustaba, cómo le hacía sentir humilde hasta lo más profundo de su ser.
Hoy, por fin, había hecho lo que antes solo se atrevía a soñar.
Se había casado con la mujer que amaba.
Todos los asistentes observaban cómo Elena y Wesley ocupaban el centro del escenario, colmándolos de vítores y buenos deseos. Los ojos de Lydia brillaban con lágrimas contenidas.
«Elena por fin ha encontrado la felicidad con Wesley», susurró.
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«Ha esperado tanto tiempo por esto… Se merece toda la alegría que le depare el destino».
Jeffry le secó las lágrimas que se aferraban a sus pestañas, sujetándole la mano con suavidad pero con firmeza. Inclinándose hacia ella, le susurró: «Nosotros también tendremos nuestra propia felicidad, Lydia. Te amaré para siempre».
Mientras sostenía la mano de Lydia, Jeffry sintió como si el vacío de su pecho se hubiera llenado por fin, como si hubiera recuperado el amor que una vez perdió. Esta vez, juró que nunca volvería a dejarla marchar.
Lydia se acurrucó a su lado, con una risa burbujeante.
«Por supuesto. La única mujer a la que puedes amar en esta vida soy yo. Eso no es negociable».
A un lado, Charlette sonrió y levantó su copa en señal de celebración.
«Wesley nunca se rindió y ahora tiene su final feliz. Brindemos por eso». Dio un sorbo de vino.
Antes de que pudiera tomar otro, Ellis se acercó y le quitó la copa de la mano con delicadeza.
«Tranquila. No te excedas esta noche».
Charlette arqueó una ceja, con una mirada divertida en los ojos.
«Mírate, actuando como si ya fueras su marido».
Ellis sacó un certificado de matrimonio doblado de su bolsillo y lo mostró.
—Ya estamos casados. Legalmente hablando, él era realmente su marido.
Charlette abrió mucho los ojos.
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