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Capítulo 1590:
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«¡Por supuesto que no!», exclamó Lyla, apartándose con un gesto desafiante.
«Quiero a Wesley. Nadie más me importa. Solo es un compromiso. Nada es definitivo. Aunque se casen, siempre pueden divorciarse. No voy a rendirme, ni ahora ni nunca».
Una vez que Lyla se fijaba en algo, se negaba a renunciar a ello. En su mente, Wesley ya le pertenecía.
Carola dudó, desesperada por disuadirla, pero no sabía cómo.
«La última vez apenas lo conseguiste…». Carola se tragó el resto, temerosa de herir el orgullo de Lyla. Lo único que pudo hacer fue suspirar.
«Luchar tan duro solo te está haciendo daño, Lyla».
Pero la mirada de Lyla era salvaje, con la mandíbula apretada. No iba a desistir, por nada del mundo. Desistir nunca había formado parte de su plan.
Y Lyla no era la única que se negaba a aceptar la propuesta de Wesley a Elena. A kilómetros de distancia, Rose Manor yacía envuelta en la penumbra. Torin pasó la noche fumando sin parar en la oscuridad, perdido en sus propios pensamientos.
Nadie se atrevía a molestarlo.
La tensión en el aire era tan densa que se podía palpar.
Cuando finalmente amaneció, Torin salió. Su expresión era indescifrable, como si hubiera dejado sus sentimientos atrás, en las sombras.
La voz nerviosa de un subordinado rompió el silencio.
—Señor Duncan, hay una señora fuera que desea verle.
Sin siquiera levantar la vista, Torin respondió: «A menos que sea Elena, despídala».
Lyla, que estaba cerca, escuchó cada palabra. Su rostro se ensombreció, pero se obligó a mantener la compostura y se dirigió directamente hacia él. No dudó.
—Quieres a Elena, ¿verdad? Yo quiero a Wesley con la misma intensidad. ¿Por qué no unimos fuerzas?
Torin finalmente la miró a los ojos, con una mirada tan indolente como peligrosa.
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—¿Y qué plan tienes en mente?
Lyla sonrió, con una sonrisa afilada y segura.
—Los titulares de ayer nos dejaron las cosas claras a ambos. Tú la quieres a ella y yo lo quiero a él. Si trabajamos juntos, quizá podamos conseguir lo que ambos queremos.
Torin arqueó una ceja.
—¿Y qué te hace pensar que cooperaré contigo?
La facilidad con la que mordió el anzuelo envalentonó a Lyla. Le expuso el plan que había elaborado meticulosamente, observando atentamente su reacción.
Torin escuchó sin cambiar lo más mínimo su expresión, con sus ojos esmeralda brillando con algo parecido a la diversión.
—Así que quieres que yo te proporcione el veneno.
Lyla asintió.
—Exacto. Una vez que esto funcione, Wesley y ese… —Por costumbre, estuvo a punto de soltar el insulto. Se contuvo justo cuando la mirada de Torin se volvió peligrosa.
—Elena… están acabados. Cuando se separen, por fin tendremos nuestra oportunidad.
Por dentro, Lyla se burló. Por muy guapo que fuera Torin, su gusto por las mujeres rayaba en lo patético. ¿Qué podía ver en alguien como Elena?
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