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Capítulo 1252:
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La imagen hizo que Lance saltara de su asiento, dispuesto a correr hacia ella y amortiguar su caída.
En ese momento se produjo un giro sorprendente. Con una sincronización perfecta, Elena se impulsó con la pierna derecha, aterrizó con elegancia en la silla y tiró con fuerza de las riendas, afirmando su control sobre Boreas.
En ese instante, el caballo rebelde y su nueva jinete se lanzaron hacia adelante, despegando a una velocidad vertiginosa.
Lance solo pudo quedarse paralizado, observando cómo Boreas corría con calma y confianza con Elena al mando.
Apenas podía creer lo que estaba viendo. Boreas realmente se había rendido ante ella. Un recuerdo le vino a la mente: él había pasado un mes entero ganándose la confianza de Boreas, solo para poder montarlo. Elena lo había conseguido en menos de tres minutos.
La envidia se apoderó de él, mezclándose con su alivio. Antes, le había preocupado que Elena no pudiera controlar a Boreas. Ahora, verla triunfar tan rápidamente le hacía sentir inferior.
Celeste miró por encima del hombro y vio que Elena por fin había comenzado la carrera. Su rostro se torció en una mueca de desprecio. ¿Qué sentido tenía que Elena montara el caballo ahora? Ella ya había recorrido la mitad de la pista, mientras que Elena apenas estaba comenzando.
Celeste hizo chasquear el látigo en el aire. «Vamos, cariño, dejemos atrás a esa zorra astuta». »
Con esa orden, su preciado caballo se lanzó hacia delante, ganando aún más velocidad. La victoria parecía segura en su mente.
Aunque Elena todavía estaba media vuelta por detrás, no mostraba ningún signo de pánico o urgencia. Se inclinó hacia Boreas, acariciándole suavemente el cuello, y le susurró: «Ahora te toca a ti. Alcancemos al caballo que va delante».
Boreas pareció entender sus palabras. Resopló y luego avanzó con una carga profunda y atronadora.
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Una sonrisa brillante y alegre apareció en el rostro de Elena mientras cabalgaba. Ella y Boreas se movían juntos con tanta suavidad que parecía como si compartieran el mismo latido.
Dos minutos más tarde, la línea de meta apareció a la vista de Celeste. Una sonrisa triunfante se extendió por sus labios. «¡Lo hemos conseguido, cariño! ¡La carrera es nuestra!».
Pero las palabras apenas habían salido de su boca cuando algo pasó a toda velocidad, más rápido que un rayo, cruzando la línea de meta antes que ella.
La sorpresa hizo que Celeste abriera mucho los ojos. No podía estar pasando. Había estado tan por delante. ¿Cómo había terminado perdiendo?
Cuando Celeste finalmente llegó al final, Elena y Boreas ya estaban esperando, tranquilos y serenos.
Boreas movió la cola y miró de reojo al caballo de Celeste. Esa mirada dejó a Celeste con una extraña sensación de disgusto, casi como si el caballo se estuviera burlando de ella. La frustración se apoderó de su pecho, dificultándole la respiración. ¡Acababa de ser menospreciada por un caballo!
La mirada de Celeste se desvió hacia Elena, que lucía una sonrisa deslumbrante, lo que solo hizo que el dolor de la derrota fuera más agudo. Sus habilidades ecuestres habían sido superadas por esta paleta…
La derrota golpeó duramente a Celeste, y una sombra de ira oscureció su rostro.
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