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Capítulo 1239:
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Aceleró el ritmo sin dudarlo, sus fuertes brazos guiando las caderas de Elena en perfecta sincronía con las suyas, sus cuerpos moviéndose como uno solo hacia un crescendo cada vez mayor. La intensidad ardía en la mirada de Wesley, con todos los músculos tensos, su control deslizándose con cada embestida mientras el sudor brillaba en su espalda.
Sus suaves y ahogados gemidos se mezclaban en el aire, el deseo crepitando entre ellos. De repente, el estridente sonido de un teléfono rompió el hechizo, rompiendo el silencio acalorado y devolviéndolos a la realidad.
Elena respondió a la llamada. «Un momento. Voy para allá ahora mismo».
Apartó el brazo sudoroso de Wesley con una mirada de disgusto y luego cogió la ropa esparcida por la cama, preparándose para cambiarse para su reunión con Lydia.
Wesley deslizó sus brazos alrededor de su cintura y la atrajo hacia él. «¿Vas a algún sitio?».
Elena frunció el ceño. «Déjalo ya. Lydia está aquí y voy a reunirme con ella».
Wesley apretó su rostro contra el cuello de ella y la olió como un hombre hambriento. Había algo adictivo en su aroma, como si tuviera su propio poder de atracción. «Cariño, ¿cómo puedes ser tan cruel y marcharte así?».
Acababan de tener un momento íntimo y lo único que Wesley quería era abrazarla con fuerza. Arion se habría quedado atónito al ver esto: Wesley, el frío estratega, actuando como un tonto enamorado, negándose a dejar marchar a Elena.
Vestida solo con un albornoz, Elena puso un pie en el pecho de Wesley y lo miró directamente a los ojos. «Sigue comportándote así y te dejaré de verdad». Sus dedos de los pies, pintados de un suave color rosa, resaltaban contra las duras líneas de su torso, despertando algo en él.
Wesley tragó saliva, y su voz se volvió ronca. «Cariño, ¿de verdad vas a hablarme así?».
Sus ojos se posaron en sus piernas, deteniéndose en la forma en que sus dedos rosados se curvaban ligeramente contra él. Sintió que su cuerpo respondía antes de poder evitarlo.
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Elena apretó los labios, se ajustó la bata y se deslizó fuera de él. Sin decir nada, le lanzó la bata a la cara, usándola como escudo, y se dio la vuelta para vestirse.
Una vez que terminó de abrocharse los vaqueros, salió en busca de Lydia.
Los guardias, que conocían bien a Elena, se dieron cuenta de que Lydia estaba con ella y se hicieron a un lado sin decir nada.
Lydia la abrazó con cariño. —Elena, debería haber venido antes. Menos mal que SecondBest y Avo me ayudaron un poco, si no, habría volado aquí durante la noche.
Elena sonrió. —Seguro que se sorprenderán al verte.
—¿Sorprendidos o completamente impactados? —La sonrisa de Lydia tenía un toque malicioso—. Vamos a desconcertarlos un poco.
Elena sonrió con complicidad, pero no dijo nada. Esa mirada traviesa en el rostro de Lydia siempre aparecía antes de una broma.
Lydia cogió el teléfono de Elena y escribió rápidamente un mensaje a SecondBest y Avo.
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