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Capítulo 794:
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En aquellos días, Clara se movía por la casa de los Miller como si cada paso pudiera provocar una explosión.
El único momento en el que sentía una pizca de satisfacción rebelde era cuando se escapaba con Dashawn.
«Solo fueron unos matones de los suburbios del sur los que me atacaron», respondió Dashawn finalmente, decidiendo proteger a Clara de cualquier culpa.
«¿Un puñado de gamberros se atrevieron a tocarte?», Wilder y Colleen apenas podían contener su ira.
Castigaron a todos los guardaespaldas que habían estado de servicio ese día y exigieron a la policía que tratara con dureza a los agresores.
Pero los agentes no cedieron, explicando que tenían que cumplir la ley.
Wilder y Colleen, tan acostumbrados a imponer su autoridad, estuvieron a punto de estallar en una discusión acalorada con la policía.
Ralph, el nuevo mayordomo de la familia e hijo del anterior mayordomo, intervino en el momento justo. Con su habilidad para las palabras, calmó los ánimos y consiguió que la policía se marchara educadamente.
Dejados en su propio jugo, Wilder y Colleen no tardaron en descargar su furia sobre Clara. «¡Inútil! Si hubieras hecho tu trabajo y lo hubieras seducido, Dashawn no habría sido humillado por una pandilla de don nadie. ¿Cuándo ha sufrido la familia Miller una desgracia como esta?».
Clara se quedó allí, recibiendo sus golpes verbales sin decir una palabra. Le ardía la nariz y las lágrimas le corrían silenciosamente por la cara.
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Cuando podía contar con el apoyo de Jasper y Axel, Wilder y Colleen nunca se atrevían a levantarle la voz.
Ahora, ella era su chivo expiatorio, absorbiendo cada gramo de su frustración sin poder defenderse.
—¿Y aún tienes el descaro de llorar? ¿Estamos equivocados al culparte? Con el entorno del hospital manteniéndola a raya, Colleen se abstuvo de levantar la mano, pero se aseguró de que sus palabras la hirieran profundamente. —¡Seca esas lágrimas ahora mismo!
—Lo siento, mamá —murmuró Clara, frotándose las mejillas hasta que sus ojos se enrojecían y se le hinchaban.
Dashawn, que observaba la escena, sintió una oleada de simpatía por Clara. Intentando aliviar la tensión, intervino: «Mamá, tengo un poco de hambre. ¿Me preparas esa sopa que tan bien se te da?».
El rostro de Colleen se suavizó inmediatamente. «Por supuesto, cariño». Sin embargo, no pudo evitar volver a gritarle a Clara una vez más. «¿Estás sorda o no has oído a tu hermano? ¿A qué esperas? ¡Ve a casa y ponte a preparársela!».
La paciencia de Dashawn finalmente se agotó. Alzó la voz. «Mamá, solo quiero tu sopa. No me vale la de nadie más».
Colleen se detuvo, tomada por sorpresa, y luego esbozó una sonrisa forzada. «Está bien, lo haré yo misma».
Mientras hablaba, le lanzó una mirada severa a Clara, culpándola en silencio por la creciente distancia entre ella y Dashawn.
Decidida, Colleen intentó llevar a Clara con ella, pero el cuerpo de Clara temblaba de miedo.
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